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Hellen Keller y Anne Sullivan

Inicio esta mañana con una frase no bíblica, pero eso sí, muy profunda:

“Mucha gente se hace una idea equivocada sobre la verdadera felicidad. No se consigue satisfaciendo los propios deseos, sino siendo fieles a un cometido que merezca la pena.” 

Hellen Keller

Y precisamente quiero hoy referirme a algunos datos de su autora que no es otra más que Hellen Keller. Ella nació en una pequeña ciudad de Alabama en Estados Unidos de Norteamérica, de nombre Tuscumbia. A los diecinueve meses de edad le dio una fiebre tan severa que le dejó como secuela una sordoceguera, es decir que quedó ciega y sorda a la vez. Al estudiar su caso, los médicos modernos piensan que la enfermedad que le atacó probablemente haya sido meningitis, en aquel tiempo sencillamente a la fiebre se le llamaba “fiebre del cerebro”.

Esta condición pronto le afectó por la imposibilidad de poderse comunicar con sus familiares directos, motivo que llegó a un punto de traumatizarle a ella y a los suyos. Se cuenta que cuando apenas tenía siete años de edad, inventó sesenta signos que le ayudaban a comunicarse con su familia. Hellen tocaba y olía las cosas que estaban a su alrededor y para poder “ver” sentía las manos de quienes estaban haciendo algo e imitaba sus movimientos. Pero a pesar de todo ello la frustración era enorme y pronto se convirtió en una persona indomable, caprichosa, y agresiva. A tal punto que sus padres se vieron en la necesidad de contratar a una institutriz personal para ella.

En este punto de la historia entra a escena Anne Sullivan. Quien también tenía un trasfondo muy interesante: proveniente de un hogar lleno de necesidades y extremadamente pobres, había quedado ciega cuando tenía cinco años y fue abandonada por sus padres. Fue acogida por el Colegio Perkins para Ciegos en Boston. Allí le practicaron dos operaciones por las cuales logró recuperar la vista. Estudió y llegó a graduarse con honores. Y ahora ella sería la persona idónea para educar a la niña Hellen.

Anne le ayudó primero a controlar su mal genio, y después le enseñó a leer, en primer lugar con el alfabeto manual táctil y más adelante, con el sistema Braille, a escribir de forma normal y a través de las máquinas de escribir en Braille. La niña comenzó a animarse y cada cosa que encontraba la tomaba entre sus manos y le preguntaba a Anne cómo se llamaba. Como resultado de todo este trabajo, Hellen llegó a ser más civilizada, amable y pronto aprendió a comunicarse de una forma no convencional. También aprendió a leer los labios de las peronas tocándolas con sus dedos y sintiendo el movimiento y las vibraciones guturales. Habiendo llegado a este punto, la vida para Hellen se proyectó distinta y se abrió una posibilidad de educación.

Helen fue a la escuela de Cambridge para señoritas desde 1896 y en el otoño de 1900 entró en la Universidad de Radcliffe, siendo la primera persona sordociega que podía alcanzar el reto de presentarse y transitar en una Universidad. La vida en Radcliffe era muy difícil para Helen y Anne estuvo siempre con ella para ayudarle, interpretaba en las manos de Hellen lo que los profesores decían en clase, luego transcribía los libros utilizando el sistema Braille. Esto provocó un gran deterioro de la vista de Anne.

Helen Keller

Durante su tiempo en la universidad Helen comenzó a escribir sobre su vida. Escribía la historia en Braille y en una máquina de escribir normal. Fue en este tiempo que Helen y Anne resolvieron con Juan Albert Macy que él debía ayudar a corregir el primer libro de Helen (“La historia de mi vida”), que fue publicado en 1903 y aunque al principio no fuese exitoso en ventas, se convirtió más adelante en una obra clásica.

Fue en este período que Hellen se graduó con honores de la Radcliffe College en 1,904. Se cuenta que tenía un poder de concentración extraordinario, muy buena memoria y recursos personales para mejorar. Su graduación junto con la publicación y éxito del libro le dieron ganancias económicas tales como para comprarse su propia casa y proyectarse también en vía de ayuda a otros con discapacidades similares. Así colaboró en la creación de la Fundación Americana para Ciegos.

Helen y Anne iniciaron en los años siguientes una gira de charlas y conferencias sobre sus experiencias. Helen contaba su vida y su discurso era interpretado frase a frase por Anne Sullivan, lo que siempre generaba sesiones de preguntas y respuestas acerca de sus historias.

A causa de sus viajes, Helen y Anne buscaron una nueva forma de vivir a través de sus conferencias y la venta de sus obras literarias. Ambas llegaron a ser famosas, invitadas a muchas conferencias, también a muchos países y reconocidas por muchos.

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Esta es una historia real con personajes reales con un trasfondo aleccionador detrás de todo ello. Innumerables serían las conclusiones a que uno podría llegar, pero déjeme citarle algunos detalles interesantes para mí:

A. Aunque para el hombre común existan imposibles, se ha demostrado que los límites de unos, otros los han superado. La ceguera, aunada a la sordera son dos grandes limitantes en la vida de cualquiera, pero basados en la historia, pueden ser superados. Máxime cuando vamos más allá del poder meramente humano, cuando acudimos buscando el auxilio y la ayuda en el poder de Dios. Recordemos que “lo que para los hombres es imposible, para Dios todo es posible” (Mateo 10:27).

B. Hoy se cuentan por miles los niños mal-criados. La culpa se centra en ellos, pero, y qué de los padres. Se logra detectar el problema de indisciplina o de capricho del niño, pero no se detecta que la permisividad de los padres es lo que ha permitido tal comportamiento en el hijo “berrinchudo y caprichoso”. Les recuerdo las palabras en Hebreos 12:8 “Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.”

C. Muchos son los obstáculos que pueden superarse con paciencia, amor y sacrificio. Esto fue lo que Anne Sullivan dió a Hellen Keller, y también es lo que nosotros debemos hacer con muchos a nuestro alrededor, especialmente con los de nuestra casa. Una no habría sido llegada a conocer sin la otra. Pero para poder superar barreras, librar obstáculos y alcanzar el éxito se tuvo que trabajar incansablemente con mucha paciencia, amor y sacrificio. Así les recuerdo que “… el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia…” (Gálatas 5:22).

Esperando que esta historia sirva de ejemplo para todos nosotros, que el Señor le bendiga grandemente.

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En la Corriente o en el Remolino

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Hace un par de años tuve la oportunidad de hablarle a un grupo de quinientos pastores y sus esposas. De camino al hotel donde tendríamos la reunión iba orando silenciosamente, pidiéndole a Dios que me diera una ilustración que mostrara cómo es la iglesia hoy. Mientras oraba pasaba por una río, y al mirarlo correr debajo de mí, encontré mi ilustración. Esta es la forma en que Frank Dietz aborda en su libro “La Restauración del Ministerio Bíblico” la definición de lo que a su entender es lo que está pasando con y en la Iglesia en el tiempo actual.

Sigue narrando: Observando el río encontré dos cosas. Primero, que a lo largo de toda la orilla se formaban pequeños remolinos. Los observé fijamente y me dí cuenta de que arrastraban todo lo que encontraban a su paso, basura, suciedad y cuanto desecho llegaba al río.

Segundo, ví que en el medio del río la corriente fluía libremente y el agua era limpia y pura. Allí éste seguía su curso hasta su destino final, no como los remolinos que tenían muchísimo movimiento pero no iban a ningún lado.

Me pareció un retrato fiel de la iglesia hoy. Nosotros somos como aquellos pequeños remolinos, llenos de actividad. Cada día tenemos mucho que hacer en nuestras iglesias, reuniones, seminarios, comidas, visitas. Sin embargo, como los remolinos en la orilla del río, tenemos mucho movimiento pero sólo giramos en círculos. Cuando abrimos los ojos nos damos cuenta que nuestras vidas están llenas de suciedad, desechos y pecado. ¡Cómo necesitamos irnos a la mitad del río donde la corriente fluye! ¡Tenemos que involucrarnos en el propósito de Dios!

El engaño está entrando en nuestras iglesias cuando seguimos a un Cristo imaginario. Es un Cristo diferente al que describe la Palabra de Dios.

Hace algunos años hablaba con un hermano en la fe que se había apartado del Señor y estaba en ese momento viviendo con una muchacha con la cual no se había casado. Le parecía algo natural ya que todos lo hacían, es decir, si la mayoría lo hace entonces debe estar bien, aunque vaya contra la Palabra de Dios.

Mientras hablábamos él trataba de justificarse diciéndome que le había compartido de Cristo a la muchacha y que ésta lo había aceptado. Mi pregunta a él fue: ¿A qué Jesús ella aceptó? Por la forma en que vivían no podía ser el Jesús del Nuevo Testamento. Tenía que ser un Jesús imaginario. Eso les llegó directo al corazón y ambos arreglaron sus vidas con el Señor, el Jesús de los Evangelios. Ahora están felizmente casados y sirviendo al Cristo real.

Un puritano estaba en lo cierto cuando dijo que si estábamos contentos con un Cristo imaginario entonces tendríamos que contentarnos con una salvación imaginaria. ¿Sería eso lo que quiso decir Jesús en el Sermón del Monte…?  “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino que el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?  Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mt. 7:21-23).

Con esta ilustración cabe hacernos algunas reflexiones:

A. Por lo general, como personas ocupadas que somos, generamos mucha actividad alrededor nuestro. Pero, no será como el hermano Frank anotaba, sólo remolinos que se forman de forma paralela a las orillas de la corriente del río principal. Debemos velar porque nuestra actividad vaya realmente dirigida por el Espíritu para que no sea un correr en vano, sin rumbo fijo, ni metas reales en el Reino de Dios.

B. Es menester tener encuentros personales con el Cristo de la Gloria. Encuentros en donde Su Santidad, saque a flote nuestras basuras más profundas, en donde seamos confrontados y limpiados por el correr del agua de la Palabra. Todos necesitamos eso: ovejas y pastores. Cada vez más se hacen patentes las palabras de Cristo en 1 Juan 1:7 cuando dijo: “pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.”  Que verdaderamente seamos limpiados de toda suciedad, desecho y pecado por la preciosa sangre del Cordero de Dios. Abandonemos toda santulonería religiosa y abracemos con gozo la realidad del perdón de Dios puesto al alcance de todo aquel que se arrepiente.

Con mis mejores deseos de bendición a sus vidas, que el Señor Jesucristo les continúe bendiciendo grandemente.

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Nada Debe Ser Motivo de Excusa

La biografía de Jeff Pearce es una historia conmovedora. Incomprendido,creció padeciendo maltratos y burlas por padecer dislexia, una dificultad para comprender correctamente las palabras. Pero pese a todo, Jeff logró ser millonario y no una vez, sino dos, sin saber leer ni escribir. Ojón con ese dato.

 Mientras muchas personas creen que nunca podrán superarse sólo porque no poseen estudios –ya sea de Educación Media o Universitaria-, la historia de Jeff Pearce surge como un ejemplo de vida y una demostración más de que no necesariamente tiene que existir una relación entre conocimientos académicos y llegar a alcanzar grandes metas en la vida.

 <Jeff Pearce nació en los suburbios de Liverpool en 1953. Desde niño, su vida no fue fácil. En la escuela, los maestros pensaban que Jeff leía las palabras al revés para hacer reír a sus compañeros, y debía pasar horas en un rincón mirando hacia la pared, con un humillante gorro sobre su cabeza. Cuando abandonó la escuela, a sus 14 años, una profesora le dijo: “Nada te saldrá bien en la vida, enseñarte fue una pérdida de tiempo, eres un desperdicio.” Estas palabras me acompañaron por siempre, declaró Jeff. Aun siendo millonario me sentía un fraude. Ni siquiera sabía escribir mi nombre. 

Su padre era alcohólico y su madre procuraba ganarse la vida en un mercado minorista para mantener a sus 5 hijos, y a su esposo. Así fue como de niño, Jeff comenzó a realizar pequeños trabajos en los mercados. Desde pequeño aprendió a ir de puerta en puerta pidiendo la ropa que ya no usaban los ricos, para luego revenderla en los mercados de Liverpool y noreste de Inglaterra. Ya siendo un adolescente, decidió abrir su propio negocio, pensando que no querrían contratarlo por no saber leer y escribir. En ese entonces tuvo muchísimo éxito y antes de llegar a los 30 años de edad, ya había logrado tener su primer millón dedicándose a la industria de la confección, con diseños de moda que se vendían en las grandes cadenas de boutiques del país.

Su esposa Gina, lo ayudó a ocultar su analfabetismo, ella lo acompañaba a las reuniones y se encargaba de leer formularios y contratos diciendo “no se preocupen por esto, ustedes sigan hablando que yo lo hago” y se los pasaba a Jeff solamente para firmar. Por muchos años ocultó su dislexia incluso a sus propias hijas. Hasta que una noche, una de ellas le pidió que leyera un cuento antes de dormir. Pearce trató de inventar el relato a partir de los dibujos del cuento, pero su hija se dio cuenta de que no sabía leer, aunque Jeff lo negó rotundamente. Luego de darle las buenas noches, cuando finalmente estuvo solo, se largó a llorar.

 “Habría dado todas mis riquezas en ese momento por ser capaz de leerle un cuento a mis niñas.”

Su estilo de vida millonaria y su éxito en los negocios, finalizó con la recesión de los años ’90. Perdió su negocio y quedó sin un centavo en el bolsillo. Al borde del suicidio, Jeff Pearce pensó que todo eso le sucedía como castigo por ser un fraude, por haber estado viviendo un estilo de vida millonaria sin ni siquiera saber leer y escribir. Pese a todo, Pearce comenzó nuevamente desde cero y logró recuperarse. Nuevamente, luego de 10 años, logró el éxito financiero y recibió un galardón como el distribuidor más sobresaliente del año. Esa misma noche, en el camino de regreso a su casa en taxi, Jeff le contó a sus hijas que no sabía leer ni escribir. La confesión fue muy emotiva y aliviadora. A los 53 años de edad, decidió enfrentar su miedo a la escritura y vencer su dislexia. Así fue como con gran esfuerzo y dedicación aprendió a leer y a escribir.   “Podría haberlo hecho antes, pero la vergüenza me acompañó gran parte de mi vida”.

Con determinación y trabajo Jeff Pearce no sólo logró ser millonario dos veces, sino que también venció su dislexia y escribió un libro en el que narra su propia historia, titulado “A Pocketful of Holes and Dreams” (Un bolsillo lleno de agujeros y sueños).>

Cuán grande hablan los testimonios que como ejemplos e historia aleccionadoras nos ayudan en nuestro camino hacia el alcance de nuestros sueños. Me impresiona el nombre con que intituló a su libro “Un Bolsillo Lleno de Agujeros y Sueños”. Y me impresiona pues aunque su bolsillo estaba lleno de agujeros por todos lados, también estaba rebosante de sueños. Y sucede que los sueños son los grandes impulsores en la vida cuando están abrazados a la fe.

Yo digo: sueña en grande. Sueña tan grande que pretendas pegarle al sol, y aún cuando no le pegues al menos caerás entre las estrellas.

Paralelo a esto debemos plenamente confiar en que la Palabra de Dios es veraz, y Jehová fiel y poderoso para cumplirla cuando dice: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y TODO TE SALDRÁ BIEN!” Josué 1:8

Que el Señor les continúe bendiciendo rica y abundantemente.

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Las Motos Honda

Una de mis historias favoritas sobre el «éxito definitivo» es la del señor Soichiro Honda, fundador de la corporación que lleva su nombre, pues todos hemos oído hablar de las “motos Honda”.
Al igual que otras compañías, sin que importar lo grandes que sean, la Honda Corporation empezó con una decisión y un deseo apasionado de producir un resultado.
En 1938, cuando todavía estaba en la escuela, el señor Honda tomó todo lo que poseía e invirtió en un pequeño taller en el que empezó a desarrollar su concepto de un aro de pistón. Deseaba vender el fruto de su trabajo a la Toyota Corporation, así que trabajó día y noche, se metió en la grasa hasta los codos, y llegó incluso a dormir en el taller, siempre convencido de que podía producir el resultado que buscaba. Incluso empeñó las joyas de su esposa para seguir en el negocio. Pero cuando finalmente completó los aros de pistón y se los presentó a la Toyota, se le dijo que no cumplían los niveles de calidad de la empresa. Le enviaron de nuevo a la escuela durante dos años más, y allí tuvo que soportar las risas burlonas de sus instructores y compañeros de clase, que hablaban de lo absurdos que eran sus diseños.
Pero en lugar de enfocar la atención sobre el dolor de la experiencia, decidió continuar enfocándola sobre su objetivo. Finalmente, al cabo de otros dos años, Toyota le ofreció al señor Honda el contrato con el que había soñado. Su pasión y sus convicciones demostraron su valor, porque él sabía lo que quería, emprendió la acción para conseguido, observó lo que funcionaba, y continuó cambiando sus métodos hasta que alcanzó el objetivo.
Entonces, surgió un nuevo problema. El gobierno japonés se estaba preparando para la guerra y se negó a entregarle el hormigón que necesitaba para construir su fábrica. ¿Abandonó por eso? No. ¿Enfocó la atención sobre lo injusto de la situación? No. ¿Significó eso la muerte de su sueño? Desde luego que no. Una vez más, decidió utilizar la experiencia y desarrollar otra estrategia. Él y su equipo inventaron un proceso para crear su propio hormigón y luego construir la fábrica. Durante la guerra, fue bombardeada en dos ocasiones y quedaron destruidos grandes sectores de las instalaciones fabriles. ¿Cuál fue la respuesta de Honda? Convocó inmediatamente a su equipo y recogieron los bidones extra de gasolina que habían desechado los aviones estado unidenses. Los denominó «regalos del presidente Truman» porque le proporcionaron la materia prima que necesitaba para su proceso de fabricación, unos materiales que en aquellos tiempos eran valiosísimos en el Japón. Finalmente, tras haber sobrevivido a todo esto, un terremoto arrasó la fábrica. Honda decidió vender su explotación de pistones a Toyota.
He aquí a un hombre que, sin lugar a dudas, tomó fuertes decisiones para alcanzar el éxito. Tenía la pasión para hacerlo, y creía en lo que estaba haciendo. Aunque no disponía de una gran estrategia, emprendió una acción a gran escala. Continuó cambiando sus métodos, a pesar de todo lo cual seguía sin producir los resultados que se había comprometido alcanzar. Sin embargo, decidió perseverar.
Después de la guerra, Japón se vio afectada por una tremenda escasez de gasolina, y el señor Honda ni siquiera podía usar su coche para conseguir alimentos para su familia. Finalmente, desesperado, colocó un pequeño motor a su bicicleta. Sabía muy bien que, a continuación, sus vecinos le pedirían que les hiciera «bicicletas motorizadas». Así pues, una tras otra, fueron saliendo de la cinta de montaje hasta que se quedó sin motores. Decidió entonces construir una planta para fabricar motores para su nuevo invento, pero desgraciadamente no disponía del capital necesario.
Tal y como había hecho antes, tomó la decisión de encontrar un camino, fuera cual fuese. Su solución consistió en apelar a los 18.000 propietarios de tiendas de bicicletas del Japón, escribiéndoles una carta personal a cada uno. Les dijo cómo podrían jugar un papel en la revitalización del Japón mediante la movilidad que produciría su invento, y convenció a cinco mil de ellos para que le otorgaran el capital que necesitaba. Su motor bicicleta, sin embargo, sólo se vendió a los más entusiastas de la bicicleta, porque era demasiado grande y abultada.
Así que introdujo ajustes finales y creó una motocicleta mucho más ligera, a la que denominó «Súper cachorro». El artilugio se convirtió en un éxito inmediato y se ganó una recompensa del emperador. Más tarde, empezó a exportar sus “motos” para venderlas a los jóvenes de Europa y Estados Unidos, a lo que siguieron, ya en los años setenta, los coches Honda que se han hecho tan populares.
En la actualidad, la Honda Corporation da empleo a más de 100.000 personas tanto en Estados Unidos como en Japón, y se la considera uno de los grandes imperios de fabricación de coches del mundo, que ha superado a todas las demás compañías, excepto a la Toyota en Estados Unidos. Ese éxito se debió a que un hombre comprendió el poder que tiene actuar de acuerdo con una decisión realmente comprometida, sin que importen las circunstancias, y sobre una base continuada.
En medio de lo que ha vivido Soichiro Honda se encuentra una fórmula para que cualquier hombre pueda alcanzar “su” propia cumbre del éxito: Compromiso 100%. En nuestro accionar como creyentes sucede exactamente lo mismo, debemos estar comprometidos con Dios, con su obra y con su Palabra el cien por cien. No hay atajos. No existen treguas con el mal. Así como dijo Moisés y los israelitas al pretender salir de Egipto, debemos decirlo nosotros también: Nuestros ganados irán también con nosotros; no quedará ni una pezuña; porque de ellos hemos de tomar para servir a Jehová nuestro Dios, y no sabemos con qué hemos de servir a Jehová hasta que lleguemos allá. Ex. 10:26.
Vive Dios, que no debe quedar ni siquiera una pezuña ni de nuestros ganados, mucho menos algo de nosotros en Egipto (mundo). Si nos llamamos “cristianos” lo somos no un 30, ó 60, ó 75, ó 85, ó 99 por ciento; o es el cien por ciento o no es nada! Si nos comprometemos así, alcanzaremos nuestra cumbre del éxito en el Evangelio. Seremos creyentes genuinos, para los cuales pase lo que pase y venga lo que venga, eso no nos hará variar pero ni un pringo, en cuanto a nuestra relación con Dios. Viviremos una vida de entrega, sacrificio, esfuerzo, valentía pero también de honor, gloria y alabanza a nuestro Gran Dios y Salvador Jesucristo. Amén. Dios les continúe bendiciendo…

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Historia: El Apestoso Binky

Hoy quiero dejarles con una historia por demás interesante. Léala, disfrútela, medítela y aprenda:
“Apestoso Binky”, fue el sobrenombre puesto por la pandilla de amigos de infancia con que se juntaba. Desde que nació sufrió daño en algunos de sus nervios, lo que hizo que su ojo y labio del lado izquierdo se vieran caídos. También tenía un fuerte impedimento para el habla.
Entre más lo molestaban los chicos del barrio, más el “apestoso Binky” se retraía a un mundo de fantasía irreal, llegando al punto de ponerse un disfraz de superhéroe debajo del uniforme escolar. Cierto día en que la maestra se dio cuenta de esto, lo hizo quitarse su uniforme frente a la clase para que todos vieran lo ridículo de su condición. Esto marcó cada día más su vida y contribuiyó a acrecentar una baja autoestima.
Su hogar era disfuncional, por esta causa tuvo que cambiar de escuela catorce veces en once años. Sus calificaciones eran malas. Nadie esperaba nada de él. Desarrolló una actitud hostil hacia todo y todos y era un candidato para la prisión y la muerte prematura.
A la edad de trece años vio una película (Hércules), que cambió su vida por completo. El personaje musculoso le inspiró a ir a un deshuesadero y levantar pesas echas por él mismo con viejas partes de autos desbaratados. Poco a poco empezó a involucrarse en obras teatrales tomando pequeños papeles que interpretar.
Al “Apestoso Binky” se le ocurrió que podría convertirse en actor y guionista.
Bueno, dejó de estudiar y partió rumbo a Nueva York. Fue rechazado en cada puerta que tocó. Realizó trabajos muy variados: repartidor de pizza, mezclador de ensaladas en un delicatesen, vendedor de pescado, acomodador en un teatro y hasta limpiador de jaulas de leones en un zoológico. Pasó tantas penas, que tenía que lavar su ropa en la ducha y hasta tuvo que vender su perro para poder tener dinero con qué alimentarse, pero todo esto no lo detuvo, si Nueva York no se abría para él, probaría en Hollywood, la meca del entretenimiento. Partió rumbo a Hollywood.
Ya en Hollywood consiguió pequeños papeles y actuaciones de menor importancia. Pero decidido como estaba, se empezó a levantar en la madrugada y se obligaba a escribir por horas enteras, trasladando al papel sus penurias de pequeño con la esperanza de convertirlas en oro de 24 quilates.
En la mitad de los setenta decidió enfocarse a dar inspiración, esperanza y fe a una nación que empezaba a emerger luego de la guerra de Vietnam. Creó un personaje pequeño con el cual los cineastas se identificaran y los motivara positivamente a seguir y salir adelante, tema en el cual el “Apestoso Binky” se estaba volviendo experto. Este personaje inventado fue un boxeador semejante a la cenicienta que se convirtiera en ganador en una batalla épica por el campeonato mundial de boxeo.
Encontró un productor cinematográfico interesado en su libreto. Le ofreció $.75,000.00 dólares, pero no lo aceptó por no incluir la condición que él y sólo él fuera el intérprete del personaje principal. El productor entonces aumentó su oferta a $100,000.00 y luego a $.300,000.00. Para alguien que solamente tenía $106.00 dólares en su bolsillo era toda una oferta. Pero él las rehusó una y otra vez.
Al final el productor no tuvo otra más que aceptar que el “Apestoso Binky” interpretara el papel principal. Después de esto, usted ya conoce el resto de la historia. El personaje principal de la Película fue bautizado con el nombre de “Rocky”, y el actor quien interpretó el papel fue Sylvester Stallone, nuestro “Apestoso Binky”.
Moraleja: Para alcanzar en la vida, las cosas que verdaderamente valen la pena, no existen atajos. Con frecuencia lo que se requiere es voluntad tenaz, persistencia, esfuerzo y por que no decirlo, sacrificio. Hay muchos que sólo desean, pero hay pocos que desean y se están esforzando como el “Apestoso Binky” en hacer realidad sus deseos. De cuáles es usted? Disculpen que les confronte, pero ya saben, es mi estilo.
Esperar un “golpe de suerte”, “sacarme la lotería” (y aún sin comprar el billete), es fácil. Poner mi mente, mi corazón y mis fuerzas físicas para trabajar tenazmente hasta conseguirlo es difícil, pero es lo que me dará satisfacción. Uno no puede esperar de la vida más de lo que ha invertido en ella. Invierta en su futuro y al final se sentirá satisfecho cuando ese futuro le alcance.
Dios nos dice a través de su Palabra:
¿Has visto HOMBRE SOLÍCITO en su trabajo? Delante de los reyes estará;
No estará delante de los de baja condición. 
Prov. 22:29
Que el Gran Dios Nuestro, Jehová el Grande,Temible y Todopoderoso, les continúe bendiciendo. Amén.

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