Archivo de la categoría: Historias Aleccionadoras

Sam Walton

El nombre completo del personaje que tomaremos en esta sección de “Historias Aleccionadoras” es Samuel Moore Walton y más conocido como Sam Walton; es un empresario estadounidense nacido en el poblado de Kingfisher, Oklahoma, conocido por haber fundado dos de las tiendas minoristas más importantes de Estados Unidos.

SAM-WALTON

Nació el 29 de marzo de 1918. estudió en la secundaria Hickman en Columbia, Missouri, donde fue el capitán del equipo de futbol americano que logró el campeonato estatal en 1935. No era el estudiante más inteligente de la secundaria, pero estaba determinado a estudiar duro para tener éxito. Finalizó su último año en Hickman no sólo como estudiante sobresaliente sino también como presidente del cuerpo estudiantil, algo destacadado si se considera que siempre tuvo que trabajar muchas horas al día para apoyar a su familia.

Walton estudió Economía en la Universidad de Missouri, donde realizó una gran cantidad de trabajos extras para costear sus estudios. Tres días después de su graduación en 1940, inició su carrera en el mundo de las ventas minoristas, al aceptar una posición en JC Penney en la ciudad de Des Moines, Iowa.

En 1950, Walton abrió una tienda de artículos varios en Bentonville, Arkansas. Una de sus nuevas ideas para mejorar los negocios fue el concepto de auto-servicio, una idea sencilla a través de la cual los clientes podían pagar todas sus compras una sóla vez, a diferencia de la costumbre de la época de hacerlo por secciones. Walton también se preocupó por tener una amplia variedad de artículos, promociones especiales, y un local limpio y bien iluminado. Demandaba lealtad de sus empleados y la lograba al compartir con ellos un porcentaje de las ganancias de la tienda.

La compañía Wal-Mart, fundada por Walton en 1962, es actualmente la compañía más grande del mundo de venta al detalle. La compañía opera de acuerdo a los principios de Sam Walton, quien entre muchas cosas solía decir:

A. Comparte tus ganancias con todos tus asociados y trátalos como socios.

B. Controla tus gastos mejor que tu competencia. Allí es donde puedes encontrar tus ventajas a nivel competitivo.

C. Puedes cometer muchos errores y aún recuperarte si operas eficientemente,, o puedes ser muy brillante y fracasar en el negocio si eres ineficiente.

Dentro de sus principios más famosos existen diez, éstos son:

  • Comprométase a triunfar y sea entusiasta
  • Comparta el éxito con quienes lo han ayudado
  • Motive a los demás a hacer sus sueños realidad
  • Comuníquese con la gente y muestre interés
  • Aprecie y reconozca el esfuerzo y los resultados
  • Celebre sus propios logros y los de su equipo
  • Escuche a los demás y aprenda de sus ideas
  • Busque la manera de superar las expectativas
  • Controle los gastos y procure prosperar
  • Nade siempre a contracorriente

Walton hizo mucho más que cualquier otro gerente o dueño de tiendas de su época; muchos de sus principios de gerencia son todavía prácticas fundamentales en varias compañías de negocios. Al recibir la Medalla de la Libertad de manos del Presidente George Bush en 1992, dijo: “Tosos trabajamos juntos; ése es el secreto”.

En el año fiscal 2004, Wal-Mart vendió artículos por valor de 256 billones de dólares y reportó beneficios de más de 8 billones de dólares. De acuerdo a la revistas Forbes, si las tiendas Wal-Mart fueran un país, estarían inmediatamente después de Arabia Saudita.

Comentario:

Una gran mayoría de personas tienen sueños, aspiraciones, deseos de algo grande, de metas lejanas. Pero son pocos los que perseveran, trabajan duro y mantienen la visión de lo que quieren alcanzar. Muchos quieren el éxito sin tener que esforzarse ni trabajar. Otros piensan que si la “suerte les sonríe” lo lograrán. Y otros se centran en el trabajo personal dejando a Dios totalmente fuera de sus vidas. No cometamos estos errores.

Haciendo acopio al consejo divino apeguémonos a la Palabra que nos alecciona diciendo:

Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.

Josué 1:7

Deja un comentario

Archivado bajo Historias Aleccionadoras

David Livingstone

D. Livingstone

David Livingstone nacido el  19 de marzo de 1813 en  Blantyre, Glasgow, Escocia. Fue segundo hijo de un humilde comerciante de té conocido por su ferviente religiosidad, viajó como misionero anglicano a la desconocida en aquel entonces África, dispuesto a evangelizar a la población local.  Más tarde terminó buscando las fuentes del Nilo y luchando contra el esclavismo de la época victoriana.

Llegó a Áfrcia del Sur en 1841 como ministro de la Sociedad Misionera de Londres. Tres años más tarde, contrajo matrimonio con Mary Moffat, hija de los misioneros escoceses Mary y Robert Moffat.

Después de recorrer durante ocho años la región ejerciendo su actividad misionera, se adentró con William Cotton Oswel en el desierto de Kalahari y descubrió el lago Ngami (1849) y llegó al río Zambeze (1851). Entre 1852 y 1856 inició un viaje desde el océano Atlántico hasta el Índico , descubriendo el 16 de noviembre de 1855 las cascadas del Zambeze, a las que los Makololo llamaban humo que truena y Livingstone dio el nombre de cataratas Victoria en honor de la reina del Reino Unido.

Livingstone se propuso abrir rutas en África para facilitar la labor misionera y la actividad comercial, considerando para ello la importancia de la navegabilidad del río Zambeze. Viajó a Inglaterra en busca de ayuda para su proyecto y para editar un libro acerca de sus expediciones.

Livingstone dedicó décadas a exploraciones que obligaron a los cartógrafos de la época a redibujar todos los mapas de África, se volcó en ofrecer atención médica a los nativos y defendió sus derechos ante los colonos europeos.

Fascinado por África, se negó a volver al Reino Unido cuando la malaria y la disentería le consumían a punto de cumplir 60 años.

Para entonces, el doctor escocés era una celebridad en Occidente por las narraciones de sus viajes, pero había pasado tantos años sin dar señales de vida que en los salones de Londres y Nueva York se le daba por perdido.

Ante la falta de noticias del aventurero, el diario “New York Herald”, ávido de historias exclusivas, decidió sufragar una expedición para encontrarlo, encargo que recayó en el periodista y explorador Henry Stanley.

El intrépido galés partió en 1871 hacia África y, tras un largo periplo, dio con su compatriota en la aldea de Ujiji (Tanzania), a orillas del lago Tanganica, donde se presentó con una frase que ha quedado grabada como el clímax de la exploración africana: “Doctor Livingstone, supongo”.

encuentro de livingstone y stanley

Livinston le hizo la siguiente alusión a Stanley: “Stanley, yo he leído la Biblia cuatro veces mientras estaba esperando en Manyuena. Todo lo que soy lo debo a Cristo Jesús, revelado para mí en su Libro divino. ¡Oh, Stanley, Stanley, aquí está el manantial de la fuerza y del poder que transforman! “.

Ambos decidieron explorar conjuntamente el norte del lago Tanganica, pero Livingstone no quiso volver a Inglaterra con Stanley, y en marzo de 1872, se separaron en Tabora y tomaron caminos diferentes.

En la oportunidad que estuvo en la Universidad de Glasgow Livingston declaró que su misión no era solo geográfica, sino “mucho más elevada: No puede ser el designio de la providencia que el horrible sistema basado en la esclavitud exista para siempre”.

El escocés nunca se preocupó solo por dibujar los nuevos mapas del mundo: desarrolló una reconocida labor como médico (él fue el primer occidental en apreciar que la presencia de mosquitos anticipaba la aparición de la malaria) y trató de evitar los abusos de los colonos europeos que se repartían África en el siglo XIX.

Su defensa de los derechos de los africanos le valió el respeto de los autóctonos por donde pasó hasta el punto de que, según la leyenda, los habitantes del poblado en Zambia donde murió enterraron allí su corazón antes de que su cuerpo fuera repatriado a Londres.

El cuerpo de Livingstone reposa en el cementerio de la Abadía de Westminster junto a otros insignes británicos como Charles Darwin, Isaac Newton y Charles Dickens.

Comentario:

Jehová es un Dios de propósitos, viene a mi corazón cuando en el Salmo 138:8 se da esta expresión: “Jehová cumplirá su propósito en mí”. Dios tiene planes para todos y cada uno de nosotros. Los cumplió en la vida de David Livingston, los cumplió en la vida de David quien escribió el salmo mencionado, los está cumpliendo en mi propia vida y seguramente los está cumpliendo también en la vida de cada lector. Sus propósitos son tan altos, tan elevados que no tenemos idea de lo que Dios está haciendo. 

En la vida del Señor Jesucristo vemos que Él sabía exactamente para qué había venido a este mundo. Sabía incluso cuando el momento de su sacrificio y muerte estaba acercándose. Pero hoy día, muchos de los que habitamos este gran planeta no sabemos de dónde venimos ni a dónde nos dirigimos. Muchos incluso todavía se atreven a creer que son producto de la casualidad o de una imprudencia cometida por sus progenitores.

Les digo a todos hoy: Confíemos que Dios está al timón de la barca, Él sabe hacia dónde la está dirigiendo, nuestro paso en esta tierra no es circunstancial, tiene un objetivo y un propósito definido. Como el salmista con plena convicción digamos:

“JEHOVÁ CUMPLIRÁ SU PROPÓSITO EN MÍ”.

 

Deja un comentario

Archivado bajo Historias Aleccionadoras

Hellen Keller y Anne Sullivan

Inicio esta mañana con una frase no bíblica, pero eso sí, muy profunda:

“Mucha gente se hace una idea equivocada sobre la verdadera felicidad. No se consigue satisfaciendo los propios deseos, sino siendo fieles a un cometido que merezca la pena.” 

Hellen Keller

Y precisamente quiero hoy referirme a algunos datos de su autora que no es otra más que Hellen Keller. Ella nació en una pequeña ciudad de Alabama en Estados Unidos de Norteamérica, de nombre Tuscumbia. A los diecinueve meses de edad le dio una fiebre tan severa que le dejó como secuela una sordoceguera, es decir que quedó ciega y sorda a la vez. Al estudiar su caso, los médicos modernos piensan que la enfermedad que le atacó probablemente haya sido meningitis, en aquel tiempo sencillamente a la fiebre se le llamaba “fiebre del cerebro”.

Esta condición pronto le afectó por la imposibilidad de poderse comunicar con sus familiares directos, motivo que llegó a un punto de traumatizarle a ella y a los suyos. Se cuenta que cuando apenas tenía siete años de edad, inventó sesenta signos que le ayudaban a comunicarse con su familia. Hellen tocaba y olía las cosas que estaban a su alrededor y para poder “ver” sentía las manos de quienes estaban haciendo algo e imitaba sus movimientos. Pero a pesar de todo ello la frustración era enorme y pronto se convirtió en una persona indomable, caprichosa, y agresiva. A tal punto que sus padres se vieron en la necesidad de contratar a una institutriz personal para ella.

En este punto de la historia entra a escena Anne Sullivan. Quien también tenía un trasfondo muy interesante: proveniente de un hogar lleno de necesidades y extremadamente pobres, había quedado ciega cuando tenía cinco años y fue abandonada por sus padres. Fue acogida por el Colegio Perkins para Ciegos en Boston. Allí le practicaron dos operaciones por las cuales logró recuperar la vista. Estudió y llegó a graduarse con honores. Y ahora ella sería la persona idónea para educar a la niña Hellen.

Anne le ayudó primero a controlar su mal genio, y después le enseñó a leer, en primer lugar con el alfabeto manual táctil y más adelante, con el sistema Braille, a escribir de forma normal y a través de las máquinas de escribir en Braille. La niña comenzó a animarse y cada cosa que encontraba la tomaba entre sus manos y le preguntaba a Anne cómo se llamaba. Como resultado de todo este trabajo, Hellen llegó a ser más civilizada, amable y pronto aprendió a comunicarse de una forma no convencional. También aprendió a leer los labios de las peronas tocándolas con sus dedos y sintiendo el movimiento y las vibraciones guturales. Habiendo llegado a este punto, la vida para Hellen se proyectó distinta y se abrió una posibilidad de educación.

Helen fue a la escuela de Cambridge para señoritas desde 1896 y en el otoño de 1900 entró en la Universidad de Radcliffe, siendo la primera persona sordociega que podía alcanzar el reto de presentarse y transitar en una Universidad. La vida en Radcliffe era muy difícil para Helen y Anne estuvo siempre con ella para ayudarle, interpretaba en las manos de Hellen lo que los profesores decían en clase, luego transcribía los libros utilizando el sistema Braille. Esto provocó un gran deterioro de la vista de Anne.

Helen Keller

Durante su tiempo en la universidad Helen comenzó a escribir sobre su vida. Escribía la historia en Braille y en una máquina de escribir normal. Fue en este tiempo que Helen y Anne resolvieron con Juan Albert Macy que él debía ayudar a corregir el primer libro de Helen (“La historia de mi vida”), que fue publicado en 1903 y aunque al principio no fuese exitoso en ventas, se convirtió más adelante en una obra clásica.

Fue en este período que Hellen se graduó con honores de la Radcliffe College en 1,904. Se cuenta que tenía un poder de concentración extraordinario, muy buena memoria y recursos personales para mejorar. Su graduación junto con la publicación y éxito del libro le dieron ganancias económicas tales como para comprarse su propia casa y proyectarse también en vía de ayuda a otros con discapacidades similares. Así colaboró en la creación de la Fundación Americana para Ciegos.

Helen y Anne iniciaron en los años siguientes una gira de charlas y conferencias sobre sus experiencias. Helen contaba su vida y su discurso era interpretado frase a frase por Anne Sullivan, lo que siempre generaba sesiones de preguntas y respuestas acerca de sus historias.

A causa de sus viajes, Helen y Anne buscaron una nueva forma de vivir a través de sus conferencias y la venta de sus obras literarias. Ambas llegaron a ser famosas, invitadas a muchas conferencias, también a muchos países y reconocidas por muchos.

Helen Keller (16)

Esta es una historia real con personajes reales con un trasfondo aleccionador detrás de todo ello. Innumerables serían las conclusiones a que uno podría llegar, pero déjeme citarle algunos detalles interesantes para mí:

A. Aunque para el hombre común existan imposibles, se ha demostrado que los límites de unos, otros los han superado. La ceguera, aunada a la sordera son dos grandes limitantes en la vida de cualquiera, pero basados en la historia, pueden ser superados. Máxime cuando vamos más allá del poder meramente humano, cuando acudimos buscando el auxilio y la ayuda en el poder de Dios. Recordemos que “lo que para los hombres es imposible, para Dios todo es posible” (Mateo 10:27).

B. Hoy se cuentan por miles los niños mal-criados. La culpa se centra en ellos, pero, y qué de los padres. Se logra detectar el problema de indisciplina o de capricho del niño, pero no se detecta que la permisividad de los padres es lo que ha permitido tal comportamiento en el hijo “berrinchudo y caprichoso”. Les recuerdo las palabras en Hebreos 12:8 “Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.”

C. Muchos son los obstáculos que pueden superarse con paciencia, amor y sacrificio. Esto fue lo que Anne Sullivan dió a Hellen Keller, y también es lo que nosotros debemos hacer con muchos a nuestro alrededor, especialmente con los de nuestra casa. Una no habría sido llegada a conocer sin la otra. Pero para poder superar barreras, librar obstáculos y alcanzar el éxito se tuvo que trabajar incansablemente con mucha paciencia, amor y sacrificio. Así les recuerdo que “… el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia…” (Gálatas 5:22).

Esperando que esta historia sirva de ejemplo para todos nosotros, que el Señor le bendiga grandemente.

Deja un comentario

Archivado bajo Historias Aleccionadoras

En la Corriente o en el Remolino

images (7)

Hace un par de años tuve la oportunidad de hablarle a un grupo de quinientos pastores y sus esposas. De camino al hotel donde tendríamos la reunión iba orando silenciosamente, pidiéndole a Dios que me diera una ilustración que mostrara cómo es la iglesia hoy. Mientras oraba pasaba por una río, y al mirarlo correr debajo de mí, encontré mi ilustración. Esta es la forma en que Frank Dietz aborda en su libro “La Restauración del Ministerio Bíblico” la definición de lo que a su entender es lo que está pasando con y en la Iglesia en el tiempo actual.

Sigue narrando: Observando el río encontré dos cosas. Primero, que a lo largo de toda la orilla se formaban pequeños remolinos. Los observé fijamente y me dí cuenta de que arrastraban todo lo que encontraban a su paso, basura, suciedad y cuanto desecho llegaba al río.

Segundo, ví que en el medio del río la corriente fluía libremente y el agua era limpia y pura. Allí éste seguía su curso hasta su destino final, no como los remolinos que tenían muchísimo movimiento pero no iban a ningún lado.

Me pareció un retrato fiel de la iglesia hoy. Nosotros somos como aquellos pequeños remolinos, llenos de actividad. Cada día tenemos mucho que hacer en nuestras iglesias, reuniones, seminarios, comidas, visitas. Sin embargo, como los remolinos en la orilla del río, tenemos mucho movimiento pero sólo giramos en círculos. Cuando abrimos los ojos nos damos cuenta que nuestras vidas están llenas de suciedad, desechos y pecado. ¡Cómo necesitamos irnos a la mitad del río donde la corriente fluye! ¡Tenemos que involucrarnos en el propósito de Dios!

El engaño está entrando en nuestras iglesias cuando seguimos a un Cristo imaginario. Es un Cristo diferente al que describe la Palabra de Dios.

Hace algunos años hablaba con un hermano en la fe que se había apartado del Señor y estaba en ese momento viviendo con una muchacha con la cual no se había casado. Le parecía algo natural ya que todos lo hacían, es decir, si la mayoría lo hace entonces debe estar bien, aunque vaya contra la Palabra de Dios.

Mientras hablábamos él trataba de justificarse diciéndome que le había compartido de Cristo a la muchacha y que ésta lo había aceptado. Mi pregunta a él fue: ¿A qué Jesús ella aceptó? Por la forma en que vivían no podía ser el Jesús del Nuevo Testamento. Tenía que ser un Jesús imaginario. Eso les llegó directo al corazón y ambos arreglaron sus vidas con el Señor, el Jesús de los Evangelios. Ahora están felizmente casados y sirviendo al Cristo real.

Un puritano estaba en lo cierto cuando dijo que si estábamos contentos con un Cristo imaginario entonces tendríamos que contentarnos con una salvación imaginaria. ¿Sería eso lo que quiso decir Jesús en el Sermón del Monte…?  “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino que el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?  Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mt. 7:21-23).

Con esta ilustración cabe hacernos algunas reflexiones:

A. Por lo general, como personas ocupadas que somos, generamos mucha actividad alrededor nuestro. Pero, no será como el hermano Frank anotaba, sólo remolinos que se forman de forma paralela a las orillas de la corriente del río principal. Debemos velar porque nuestra actividad vaya realmente dirigida por el Espíritu para que no sea un correr en vano, sin rumbo fijo, ni metas reales en el Reino de Dios.

B. Es menester tener encuentros personales con el Cristo de la Gloria. Encuentros en donde Su Santidad, saque a flote nuestras basuras más profundas, en donde seamos confrontados y limpiados por el correr del agua de la Palabra. Todos necesitamos eso: ovejas y pastores. Cada vez más se hacen patentes las palabras de Cristo en 1 Juan 1:7 cuando dijo: “pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.”  Que verdaderamente seamos limpiados de toda suciedad, desecho y pecado por la preciosa sangre del Cordero de Dios. Abandonemos toda santulonería religiosa y abracemos con gozo la realidad del perdón de Dios puesto al alcance de todo aquel que se arrepiente.

Con mis mejores deseos de bendición a sus vidas, que el Señor Jesucristo les continúe bendiciendo grandemente.

Deja un comentario

Archivado bajo Historias Aleccionadoras

Las Motos Honda

Una de mis historias favoritas sobre el «éxito definitivo» es la del señor Soichiro Honda, fundador de la corporación que lleva su nombre, pues todos hemos oído hablar de las “motos Honda”.
Al igual que otras compañías, sin que importar lo grandes que sean, la Honda Corporation empezó con una decisión y un deseo apasionado de producir un resultado.
En 1938, cuando todavía estaba en la escuela, el señor Honda tomó todo lo que poseía e invirtió en un pequeño taller en el que empezó a desarrollar su concepto de un aro de pistón. Deseaba vender el fruto de su trabajo a la Toyota Corporation, así que trabajó día y noche, se metió en la grasa hasta los codos, y llegó incluso a dormir en el taller, siempre convencido de que podía producir el resultado que buscaba. Incluso empeñó las joyas de su esposa para seguir en el negocio. Pero cuando finalmente completó los aros de pistón y se los presentó a la Toyota, se le dijo que no cumplían los niveles de calidad de la empresa. Le enviaron de nuevo a la escuela durante dos años más, y allí tuvo que soportar las risas burlonas de sus instructores y compañeros de clase, que hablaban de lo absurdos que eran sus diseños.
Pero en lugar de enfocar la atención sobre el dolor de la experiencia, decidió continuar enfocándola sobre su objetivo. Finalmente, al cabo de otros dos años, Toyota le ofreció al señor Honda el contrato con el que había soñado. Su pasión y sus convicciones demostraron su valor, porque él sabía lo que quería, emprendió la acción para conseguido, observó lo que funcionaba, y continuó cambiando sus métodos hasta que alcanzó el objetivo.
Entonces, surgió un nuevo problema. El gobierno japonés se estaba preparando para la guerra y se negó a entregarle el hormigón que necesitaba para construir su fábrica. ¿Abandonó por eso? No. ¿Enfocó la atención sobre lo injusto de la situación? No. ¿Significó eso la muerte de su sueño? Desde luego que no. Una vez más, decidió utilizar la experiencia y desarrollar otra estrategia. Él y su equipo inventaron un proceso para crear su propio hormigón y luego construir la fábrica. Durante la guerra, fue bombardeada en dos ocasiones y quedaron destruidos grandes sectores de las instalaciones fabriles. ¿Cuál fue la respuesta de Honda? Convocó inmediatamente a su equipo y recogieron los bidones extra de gasolina que habían desechado los aviones estado unidenses. Los denominó «regalos del presidente Truman» porque le proporcionaron la materia prima que necesitaba para su proceso de fabricación, unos materiales que en aquellos tiempos eran valiosísimos en el Japón. Finalmente, tras haber sobrevivido a todo esto, un terremoto arrasó la fábrica. Honda decidió vender su explotación de pistones a Toyota.
He aquí a un hombre que, sin lugar a dudas, tomó fuertes decisiones para alcanzar el éxito. Tenía la pasión para hacerlo, y creía en lo que estaba haciendo. Aunque no disponía de una gran estrategia, emprendió una acción a gran escala. Continuó cambiando sus métodos, a pesar de todo lo cual seguía sin producir los resultados que se había comprometido alcanzar. Sin embargo, decidió perseverar.
Después de la guerra, Japón se vio afectada por una tremenda escasez de gasolina, y el señor Honda ni siquiera podía usar su coche para conseguir alimentos para su familia. Finalmente, desesperado, colocó un pequeño motor a su bicicleta. Sabía muy bien que, a continuación, sus vecinos le pedirían que les hiciera «bicicletas motorizadas». Así pues, una tras otra, fueron saliendo de la cinta de montaje hasta que se quedó sin motores. Decidió entonces construir una planta para fabricar motores para su nuevo invento, pero desgraciadamente no disponía del capital necesario.
Tal y como había hecho antes, tomó la decisión de encontrar un camino, fuera cual fuese. Su solución consistió en apelar a los 18.000 propietarios de tiendas de bicicletas del Japón, escribiéndoles una carta personal a cada uno. Les dijo cómo podrían jugar un papel en la revitalización del Japón mediante la movilidad que produciría su invento, y convenció a cinco mil de ellos para que le otorgaran el capital que necesitaba. Su motor bicicleta, sin embargo, sólo se vendió a los más entusiastas de la bicicleta, porque era demasiado grande y abultada.
Así que introdujo ajustes finales y creó una motocicleta mucho más ligera, a la que denominó «Súper cachorro». El artilugio se convirtió en un éxito inmediato y se ganó una recompensa del emperador. Más tarde, empezó a exportar sus “motos” para venderlas a los jóvenes de Europa y Estados Unidos, a lo que siguieron, ya en los años setenta, los coches Honda que se han hecho tan populares.
En la actualidad, la Honda Corporation da empleo a más de 100.000 personas tanto en Estados Unidos como en Japón, y se la considera uno de los grandes imperios de fabricación de coches del mundo, que ha superado a todas las demás compañías, excepto a la Toyota en Estados Unidos. Ese éxito se debió a que un hombre comprendió el poder que tiene actuar de acuerdo con una decisión realmente comprometida, sin que importen las circunstancias, y sobre una base continuada.
En medio de lo que ha vivido Soichiro Honda se encuentra una fórmula para que cualquier hombre pueda alcanzar “su” propia cumbre del éxito: Compromiso 100%. En nuestro accionar como creyentes sucede exactamente lo mismo, debemos estar comprometidos con Dios, con su obra y con su Palabra el cien por cien. No hay atajos. No existen treguas con el mal. Así como dijo Moisés y los israelitas al pretender salir de Egipto, debemos decirlo nosotros también: Nuestros ganados irán también con nosotros; no quedará ni una pezuña; porque de ellos hemos de tomar para servir a Jehová nuestro Dios, y no sabemos con qué hemos de servir a Jehová hasta que lleguemos allá. Ex. 10:26.
Vive Dios, que no debe quedar ni siquiera una pezuña ni de nuestros ganados, mucho menos algo de nosotros en Egipto (mundo). Si nos llamamos “cristianos” lo somos no un 30, ó 60, ó 75, ó 85, ó 99 por ciento; o es el cien por ciento o no es nada! Si nos comprometemos así, alcanzaremos nuestra cumbre del éxito en el Evangelio. Seremos creyentes genuinos, para los cuales pase lo que pase y venga lo que venga, eso no nos hará variar pero ni un pringo, en cuanto a nuestra relación con Dios. Viviremos una vida de entrega, sacrificio, esfuerzo, valentía pero también de honor, gloria y alabanza a nuestro Gran Dios y Salvador Jesucristo. Amén. Dios les continúe bendiciendo…

Deja un comentario

Archivado bajo Historias Aleccionadoras