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Apuntes breves sobre Juan Wesley

Juan Wesley predicando en las calles

Juan Wesley predicando en las calles

Juan Wesley es uno de los más grandes evangelistas que el mundo haya conocido. Fue el decimoquinto hijo de dicenueve que procreó la pareja de Samuel y Susana Wesley, sus padres. Samuel era predicador de la Palabra y Susana fue una mujer de gran sabiduría. Ambos personas de profunda piedad que supieron criar a sus hijos en la “disciplina y el temor de Dios”. Así se educaron al amparo de las historias de la Biblia.

En los tiempos de Wesley,  Gran Bretaña vivía en extremos sociales, con promiscuidad, abusos, enfermedades y pestilencias. La pobreza diezmaba la población, niños y huérfanos vivían en las calles en total estado de indigencia. Un grupo de personas sensibles a la situación, vislumbró la necesidad de llevar a las calles la función de la Iglesia, es decir, pastorear a los necesitados, atendiendo a las personas y ocupándose de ellas. Allí surgió el ministerio de predicación de Juan Wesley.

Los historiadores seculares respetados dicen que a través del ministerio de Juan Wesley, sus ayudantes y convertidos y el Gran Despertar sobre Inglaterra que resultó, Inglaterra fue librada del terrible baño de sangre que caracterizó la Revolución Francesa que ocurrió dos años antes de la muerte de Wesley. Se dice que durante su ministerio, viajó más de 400,000 kilómetros a lomo de caballo (una distancia equivalente a dar diez vueltas alrededor de la tierra sobre el Ecuador), y predicó más de 40,000 mensajes.

Interesantemente, él ya era un ministro ordenado de la Iglesia Anglicana aun antes de experimentar su nuevo nacimiento en 1838. Unos seis meses después, tuvo un poderoso encuentro con el Espíritu Santo. En sus propias palabras: “Estábamos reunidos y en constante oración, cuando alrededor de las tres de la mañana, el poder de Dios vino poderosamente sobre nosotros, a tal grado que clamamos con un gozo excesivo, y muchos cayeron al suelo. Tan pronto que nos recuperamos un poco de ese asombro y maravilla ante la presencia de Su majestad, irrumpimos a una voz: ‘¡Te alabamos, Oh Dios, te reconocemos como el Señor!’“ 

A partir de allí, él comenzó a predicar con una unción y poder extraordinarios, y su predicación resultaba en convicción poderosa de pecado en los corazones de multitudes de personas.

La verdad es que si uno se pone a leer sus mensajes hoy día, diría que no había nada en ellos como para provocar emoción. Y sin embargo Dios los usó para llevar a miles de personas al Señor. No era la palabra de su boca; era el poder de Dios sobre él.

Siempre al terminar su mensaje oraba pidiéndole a Dios que “confirmara su palabra” que pusiera su sello sobre ella, y que “diera testimonio de ella”. Y Dios lo hacía así. Los pecadores sentían su culpa y clamaban a grito abierto y en gran angustia, pidiendo misericordia, bajo la influencia de la profunda convicción de su pecado. Muchos caían al suelo bajo el poder de Dios, en el momento del arrepentimiento. Unos pocos minutos después, estarían regocijándose con la seguridad de que sus pecados habían sido perdonados, y con una profunda conciencia de la paz de Cristo.

Wesley relató la siguiente experiencia en su diario personal: “Supimos que muchos se ofendieron al oír los clamores de aquellos sobre quienes descendió el poder de Dios; entre ellos un médico, quien dijo que podría tratarse de un engaño o falsedad. Hoy una de las primeras personas en clamar misericordia fue una mujer a quien dicho médico conocía por años. Al verla llorar, le pareció increíble que fuese la misma persona. Se acercó a ella y observó todos los síntomas; vio que por la cara le corrían gruesas gotas de sudor y se estremecía hasta los huesos. Al ver eso, no supo qué decir, pues quedó convencido de que no se trataba de ningún engaño, ni tampoco de ningún desorden natural. Mas cuando su cuerpo y alma fueron sanados en un instante, el médico vio el dedo de Dios en lo que le había ocurrido a la mujer”.

Pero las manifestaciones de la presencia de Dios no se limitaban a las reuniones; algunos eran sobrecogidos por una tremenda convicción hasta tres semanas después: De repente echaban tales gritos como si estuvieran en angustia de muerte, se arrepentían, y posteriormente se regocijaban por el perdón de pecados.

Wesley creía que los Dones del Espíritu eran para nuestros tiempos. En una carta escrita en junio de 1746, declara: “No recuerdo de ninguna Escritura donde se nos enseñe que los milagros debían confinarse a la edad apostólica o cualquier otro período de tiempo. Es cierto que el apóstol Pablo dice que las profecías y las lenguas cesarán, pero en ningún momento dice que estos milagros cesarán antes de que cesen la fe y la esperanza…”

En una ocasión, otro ministro le preguntó cómo hacía para lograr que mucha gente viniera a escucharle. La respuesta de Wesley fue: “Si el predicador está ardiendo, los demás vendrán para ver el fuego.”

“Dame cien predicadores que no le temen a nada excepto al pecado, y no desean nada excepto a Dios, y no me interesa ni una paja que sean clérigos o laicos, ellos sacudirán las puertas del infierno y establecerán el reino de los cielos en la tierra.”

Y a esto sólo puedo agregar: Amén, que así sea hecho!

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Tu Puedes

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”

Filipenses 4:13

Esta frase es poderosa. Como individuos que luchamos todos los días de nuestra vida por ser felices, por alcanzar ideales, por superar obstáculos, por ser mejores, por honrar a Dios, por vivir en santidad esta debe ser una filosofía de vida. Debemos vivir bajo la premisa de que “todo lo podemos en Cristo”. Este pensamiento influenciado por esta poderosa promesa de la Palabra de Dios nos hará ir a dónde nadie a ido, a llegar realmente lejos, a conquistar cumbres, a derribar gigantes, a ver la gloria de Dios.

Rich de Vos

Rich de Vos, co-fundador de una empresa de gran éxito mundial y también una de las personas de que he sabido da testimonio acerca de su vida por vivir bajo la influencia de la Palabra de Dios nos habla acerca de su experiencia de la siguiente forma:

“Fui afortunado en mi juventud porque “tu puedes” fue la frase positiva que mi padre siempre usó para animarme. Soy conocido por esa frase porque la utilicé para ayudar a motivar a mucha gente por todo el mundo. La he conservado en mi vocabulario para usarla con mis propios hijos, nietos y otras personas que valoro y que deseo que cumplan todo su potencial. “tú puedes” ha sido el eslogan en nuestro hogar, y creo que ha tenido un impacto positivo en nuestros hijos.

Cuando era niño, durante la Gran Depresión, se me inculcó el pensamiento de que podía hacer cualquier cosa en esos tiempos difíciles. Mi familia tuvo que dejar la casa en la que pasé muchos años maravillosos de mi niñez porque mi padre no tenía empleo y no podía conservarla. Nuestra familia tuvo que mudarse a las habitaciones superiores de la casa de mis abuelos, donde recuerdo que dormía bajo las vigas. Vivimos allá durante los peores cinco años de la Depresión. Pero no fueron días malos para mí siendo niño. Mis primos vivían en el vecindario. No había muchos autos, así que podíamos jugar pelota en la calle. Nuestra pelota se desgastaba tanto que teníamos que envolverla con trapos. No teníamos con qué comprar una nueva.

El dinero nos limitaba en esos días. Yo comencé a hacer una ruta repartiendo periódicos para ganar dinero y la hice a pie hasta que gané lo suficiente para comprar una bicicleta usada. Diez centavos era una gran cantidad de dinero. Recuerdo que un hombre vino a nuestra casa vendiendo revistas y lloraba porque no podía regresar a casa hasta que vendiera la última. Mi padre le dijo con honestidad que no tenía ni diez centavos en casa. Aún así mi padre continuó animándole con el “tu puedes”.

Mi padre fue un hombre que creía en Dios. Y lo predicaba así aunque su propia vida no fuera tan exitosa como él habría esperado. Nunca se volvió negativo. Siempre me decía: “Vas a lograr grandes cosas. Te irá mejor que a mí. Vas a llegar más lejos de lo que yo he llegado. Vas a ver cosas que yo nunca he visto”.

Mi madre admitía que no era muy positiva. Pero un día después de la muerte de mi padre me dijo: “He decidido que tengo que ser positiva si vas a venir a verme, porque no vas a venir sólo a escuchar cómo me quejo”. Así desde aquel día que tomó la decisión, comenzó a ser positiva. Ella honró la creencia de mi padre y ahora ella decía “todo lo puedo en Cristo”. Yo estaba muy orgulloso de ella. Esto muestra que se puede cambiar, también que puedes contagiar a otros cuando tu mismo crees a la Palabra de Dios y que  mucha gente será propensa a ser menos negativa cuando estén cerca de ti.

Fui afortunado por estudiar en una escuela cristiana. Mis padres trabajaron duro e hicieron sacrificios por enviarme a esa escuela. Esa escuela reforzó en mí las lecciones de fe, optimismo y trabajo duro que aprendí desde niño. Esa fue la escuela en donde un talentoso y respetado maestro escribió una sencilla pero memorable frase en mi anuario que cambio mi vida: “Con talentos para el liderazgo en el Reino de Dios”, fue otra frase que reforzaba la frase de “tu puedes”.

Ahora siendo adulto, comprendo que toda esa atmósfera en que crecí me hizo convertirme en la persona de fe que hoy soy. Las palabras de ánimo de mi padre han sonado en mi cabeza diciendo continuamente “tu puedes”. Ni en mis sueños más atrevidos pensé en tener el éxito en los negocios que he tenido. La más grande bendición de esta experiencia ha sido la satisfacción de obtener logros usando los talentos que Dios me ha dado, generando oportunidades de negocios para millones literalmente, empleando a miles que sostienes a sus familiar, y compartiendo mi éxito por medio de la filantropía juntamente con mi esposa. Nunca pudimos haber soñado con algún tener una compañía con billones de dólares en ventas anuales, record de afiliados en países, miles de empleados y millones de propietarios de negocios en todo el mundo. Fuimos bendecidos por crecer en una atmósfera de fe en la Palabra de Dios y tener talentos que fueron dones de Dios. Nuestra empresa comenzó a construirse en nuestros corazones y mentes con el ánimo de “tu puedes hacerlo” y la confianza inculcada por padres y maestro amorosos, creyentes y positivos.

Muchas personas nunca intentan hacer algo porque tienen miedo, miedo al fracaso, miedo que alguien pueda criticarlos o burlarse, miedo de no tener el suficiente entrenamiento o experiencia. A todos les digo: Traza una meta y ve tras ella pues Dios nos dice que todo lo podemos en Cristo que nos fortalece.” 

Con mis mejores deseos de bien y bendición a sus vidas.

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Sam Walton

El nombre completo del personaje que tomaremos en esta sección de “Historias Aleccionadoras” es Samuel Moore Walton y más conocido como Sam Walton; es un empresario estadounidense nacido en el poblado de Kingfisher, Oklahoma, conocido por haber fundado dos de las tiendas minoristas más importantes de Estados Unidos.

SAM-WALTON

Nació el 29 de marzo de 1918. estudió en la secundaria Hickman en Columbia, Missouri, donde fue el capitán del equipo de futbol americano que logró el campeonato estatal en 1935. No era el estudiante más inteligente de la secundaria, pero estaba determinado a estudiar duro para tener éxito. Finalizó su último año en Hickman no sólo como estudiante sobresaliente sino también como presidente del cuerpo estudiantil, algo destacadado si se considera que siempre tuvo que trabajar muchas horas al día para apoyar a su familia.

Walton estudió Economía en la Universidad de Missouri, donde realizó una gran cantidad de trabajos extras para costear sus estudios. Tres días después de su graduación en 1940, inició su carrera en el mundo de las ventas minoristas, al aceptar una posición en JC Penney en la ciudad de Des Moines, Iowa.

En 1950, Walton abrió una tienda de artículos varios en Bentonville, Arkansas. Una de sus nuevas ideas para mejorar los negocios fue el concepto de auto-servicio, una idea sencilla a través de la cual los clientes podían pagar todas sus compras una sóla vez, a diferencia de la costumbre de la época de hacerlo por secciones. Walton también se preocupó por tener una amplia variedad de artículos, promociones especiales, y un local limpio y bien iluminado. Demandaba lealtad de sus empleados y la lograba al compartir con ellos un porcentaje de las ganancias de la tienda.

La compañía Wal-Mart, fundada por Walton en 1962, es actualmente la compañía más grande del mundo de venta al detalle. La compañía opera de acuerdo a los principios de Sam Walton, quien entre muchas cosas solía decir:

A. Comparte tus ganancias con todos tus asociados y trátalos como socios.

B. Controla tus gastos mejor que tu competencia. Allí es donde puedes encontrar tus ventajas a nivel competitivo.

C. Puedes cometer muchos errores y aún recuperarte si operas eficientemente,, o puedes ser muy brillante y fracasar en el negocio si eres ineficiente.

Dentro de sus principios más famosos existen diez, éstos son:

  • Comprométase a triunfar y sea entusiasta
  • Comparta el éxito con quienes lo han ayudado
  • Motive a los demás a hacer sus sueños realidad
  • Comuníquese con la gente y muestre interés
  • Aprecie y reconozca el esfuerzo y los resultados
  • Celebre sus propios logros y los de su equipo
  • Escuche a los demás y aprenda de sus ideas
  • Busque la manera de superar las expectativas
  • Controle los gastos y procure prosperar
  • Nade siempre a contracorriente

Walton hizo mucho más que cualquier otro gerente o dueño de tiendas de su época; muchos de sus principios de gerencia son todavía prácticas fundamentales en varias compañías de negocios. Al recibir la Medalla de la Libertad de manos del Presidente George Bush en 1992, dijo: “Tosos trabajamos juntos; ése es el secreto”.

En el año fiscal 2004, Wal-Mart vendió artículos por valor de 256 billones de dólares y reportó beneficios de más de 8 billones de dólares. De acuerdo a la revistas Forbes, si las tiendas Wal-Mart fueran un país, estarían inmediatamente después de Arabia Saudita.

Comentario:

Una gran mayoría de personas tienen sueños, aspiraciones, deseos de algo grande, de metas lejanas. Pero son pocos los que perseveran, trabajan duro y mantienen la visión de lo que quieren alcanzar. Muchos quieren el éxito sin tener que esforzarse ni trabajar. Otros piensan que si la “suerte les sonríe” lo lograrán. Y otros se centran en el trabajo personal dejando a Dios totalmente fuera de sus vidas. No cometamos estos errores.

Haciendo acopio al consejo divino apeguémonos a la Palabra que nos alecciona diciendo:

Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.

Josué 1:7

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David Livingstone

D. Livingstone

David Livingstone nacido el  19 de marzo de 1813 en  Blantyre, Glasgow, Escocia. Fue segundo hijo de un humilde comerciante de té conocido por su ferviente religiosidad, viajó como misionero anglicano a la desconocida en aquel entonces África, dispuesto a evangelizar a la población local.  Más tarde terminó buscando las fuentes del Nilo y luchando contra el esclavismo de la época victoriana.

Llegó a Áfrcia del Sur en 1841 como ministro de la Sociedad Misionera de Londres. Tres años más tarde, contrajo matrimonio con Mary Moffat, hija de los misioneros escoceses Mary y Robert Moffat.

Después de recorrer durante ocho años la región ejerciendo su actividad misionera, se adentró con William Cotton Oswel en el desierto de Kalahari y descubrió el lago Ngami (1849) y llegó al río Zambeze (1851). Entre 1852 y 1856 inició un viaje desde el océano Atlántico hasta el Índico , descubriendo el 16 de noviembre de 1855 las cascadas del Zambeze, a las que los Makololo llamaban humo que truena y Livingstone dio el nombre de cataratas Victoria en honor de la reina del Reino Unido.

Livingstone se propuso abrir rutas en África para facilitar la labor misionera y la actividad comercial, considerando para ello la importancia de la navegabilidad del río Zambeze. Viajó a Inglaterra en busca de ayuda para su proyecto y para editar un libro acerca de sus expediciones.

Livingstone dedicó décadas a exploraciones que obligaron a los cartógrafos de la época a redibujar todos los mapas de África, se volcó en ofrecer atención médica a los nativos y defendió sus derechos ante los colonos europeos.

Fascinado por África, se negó a volver al Reino Unido cuando la malaria y la disentería le consumían a punto de cumplir 60 años.

Para entonces, el doctor escocés era una celebridad en Occidente por las narraciones de sus viajes, pero había pasado tantos años sin dar señales de vida que en los salones de Londres y Nueva York se le daba por perdido.

Ante la falta de noticias del aventurero, el diario “New York Herald”, ávido de historias exclusivas, decidió sufragar una expedición para encontrarlo, encargo que recayó en el periodista y explorador Henry Stanley.

El intrépido galés partió en 1871 hacia África y, tras un largo periplo, dio con su compatriota en la aldea de Ujiji (Tanzania), a orillas del lago Tanganica, donde se presentó con una frase que ha quedado grabada como el clímax de la exploración africana: “Doctor Livingstone, supongo”.

encuentro de livingstone y stanley

Livinston le hizo la siguiente alusión a Stanley: “Stanley, yo he leído la Biblia cuatro veces mientras estaba esperando en Manyuena. Todo lo que soy lo debo a Cristo Jesús, revelado para mí en su Libro divino. ¡Oh, Stanley, Stanley, aquí está el manantial de la fuerza y del poder que transforman! “.

Ambos decidieron explorar conjuntamente el norte del lago Tanganica, pero Livingstone no quiso volver a Inglaterra con Stanley, y en marzo de 1872, se separaron en Tabora y tomaron caminos diferentes.

En la oportunidad que estuvo en la Universidad de Glasgow Livingston declaró que su misión no era solo geográfica, sino “mucho más elevada: No puede ser el designio de la providencia que el horrible sistema basado en la esclavitud exista para siempre”.

El escocés nunca se preocupó solo por dibujar los nuevos mapas del mundo: desarrolló una reconocida labor como médico (él fue el primer occidental en apreciar que la presencia de mosquitos anticipaba la aparición de la malaria) y trató de evitar los abusos de los colonos europeos que se repartían África en el siglo XIX.

Su defensa de los derechos de los africanos le valió el respeto de los autóctonos por donde pasó hasta el punto de que, según la leyenda, los habitantes del poblado en Zambia donde murió enterraron allí su corazón antes de que su cuerpo fuera repatriado a Londres.

El cuerpo de Livingstone reposa en el cementerio de la Abadía de Westminster junto a otros insignes británicos como Charles Darwin, Isaac Newton y Charles Dickens.

Comentario:

Jehová es un Dios de propósitos, viene a mi corazón cuando en el Salmo 138:8 se da esta expresión: “Jehová cumplirá su propósito en mí”. Dios tiene planes para todos y cada uno de nosotros. Los cumplió en la vida de David Livingston, los cumplió en la vida de David quien escribió el salmo mencionado, los está cumpliendo en mi propia vida y seguramente los está cumpliendo también en la vida de cada lector. Sus propósitos son tan altos, tan elevados que no tenemos idea de lo que Dios está haciendo. 

En la vida del Señor Jesucristo vemos que Él sabía exactamente para qué había venido a este mundo. Sabía incluso cuando el momento de su sacrificio y muerte estaba acercándose. Pero hoy día, muchos de los que habitamos este gran planeta no sabemos de dónde venimos ni a dónde nos dirigimos. Muchos incluso todavía se atreven a creer que son producto de la casualidad o de una imprudencia cometida por sus progenitores.

Les digo a todos hoy: Confíemos que Dios está al timón de la barca, Él sabe hacia dónde la está dirigiendo, nuestro paso en esta tierra no es circunstancial, tiene un objetivo y un propósito definido. Como el salmista con plena convicción digamos:

“JEHOVÁ CUMPLIRÁ SU PROPÓSITO EN MÍ”.

 

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Hellen Keller y Anne Sullivan

Inicio esta mañana con una frase no bíblica, pero eso sí, muy profunda:

“Mucha gente se hace una idea equivocada sobre la verdadera felicidad. No se consigue satisfaciendo los propios deseos, sino siendo fieles a un cometido que merezca la pena.” 

Hellen Keller

Y precisamente quiero hoy referirme a algunos datos de su autora que no es otra más que Hellen Keller. Ella nació en una pequeña ciudad de Alabama en Estados Unidos de Norteamérica, de nombre Tuscumbia. A los diecinueve meses de edad le dio una fiebre tan severa que le dejó como secuela una sordoceguera, es decir que quedó ciega y sorda a la vez. Al estudiar su caso, los médicos modernos piensan que la enfermedad que le atacó probablemente haya sido meningitis, en aquel tiempo sencillamente a la fiebre se le llamaba “fiebre del cerebro”.

Esta condición pronto le afectó por la imposibilidad de poderse comunicar con sus familiares directos, motivo que llegó a un punto de traumatizarle a ella y a los suyos. Se cuenta que cuando apenas tenía siete años de edad, inventó sesenta signos que le ayudaban a comunicarse con su familia. Hellen tocaba y olía las cosas que estaban a su alrededor y para poder “ver” sentía las manos de quienes estaban haciendo algo e imitaba sus movimientos. Pero a pesar de todo ello la frustración era enorme y pronto se convirtió en una persona indomable, caprichosa, y agresiva. A tal punto que sus padres se vieron en la necesidad de contratar a una institutriz personal para ella.

En este punto de la historia entra a escena Anne Sullivan. Quien también tenía un trasfondo muy interesante: proveniente de un hogar lleno de necesidades y extremadamente pobres, había quedado ciega cuando tenía cinco años y fue abandonada por sus padres. Fue acogida por el Colegio Perkins para Ciegos en Boston. Allí le practicaron dos operaciones por las cuales logró recuperar la vista. Estudió y llegó a graduarse con honores. Y ahora ella sería la persona idónea para educar a la niña Hellen.

Anne le ayudó primero a controlar su mal genio, y después le enseñó a leer, en primer lugar con el alfabeto manual táctil y más adelante, con el sistema Braille, a escribir de forma normal y a través de las máquinas de escribir en Braille. La niña comenzó a animarse y cada cosa que encontraba la tomaba entre sus manos y le preguntaba a Anne cómo se llamaba. Como resultado de todo este trabajo, Hellen llegó a ser más civilizada, amable y pronto aprendió a comunicarse de una forma no convencional. También aprendió a leer los labios de las peronas tocándolas con sus dedos y sintiendo el movimiento y las vibraciones guturales. Habiendo llegado a este punto, la vida para Hellen se proyectó distinta y se abrió una posibilidad de educación.

Helen fue a la escuela de Cambridge para señoritas desde 1896 y en el otoño de 1900 entró en la Universidad de Radcliffe, siendo la primera persona sordociega que podía alcanzar el reto de presentarse y transitar en una Universidad. La vida en Radcliffe era muy difícil para Helen y Anne estuvo siempre con ella para ayudarle, interpretaba en las manos de Hellen lo que los profesores decían en clase, luego transcribía los libros utilizando el sistema Braille. Esto provocó un gran deterioro de la vista de Anne.

Helen Keller

Durante su tiempo en la universidad Helen comenzó a escribir sobre su vida. Escribía la historia en Braille y en una máquina de escribir normal. Fue en este tiempo que Helen y Anne resolvieron con Juan Albert Macy que él debía ayudar a corregir el primer libro de Helen (“La historia de mi vida”), que fue publicado en 1903 y aunque al principio no fuese exitoso en ventas, se convirtió más adelante en una obra clásica.

Fue en este período que Hellen se graduó con honores de la Radcliffe College en 1,904. Se cuenta que tenía un poder de concentración extraordinario, muy buena memoria y recursos personales para mejorar. Su graduación junto con la publicación y éxito del libro le dieron ganancias económicas tales como para comprarse su propia casa y proyectarse también en vía de ayuda a otros con discapacidades similares. Así colaboró en la creación de la Fundación Americana para Ciegos.

Helen y Anne iniciaron en los años siguientes una gira de charlas y conferencias sobre sus experiencias. Helen contaba su vida y su discurso era interpretado frase a frase por Anne Sullivan, lo que siempre generaba sesiones de preguntas y respuestas acerca de sus historias.

A causa de sus viajes, Helen y Anne buscaron una nueva forma de vivir a través de sus conferencias y la venta de sus obras literarias. Ambas llegaron a ser famosas, invitadas a muchas conferencias, también a muchos países y reconocidas por muchos.

Helen Keller (16)

Esta es una historia real con personajes reales con un trasfondo aleccionador detrás de todo ello. Innumerables serían las conclusiones a que uno podría llegar, pero déjeme citarle algunos detalles interesantes para mí:

A. Aunque para el hombre común existan imposibles, se ha demostrado que los límites de unos, otros los han superado. La ceguera, aunada a la sordera son dos grandes limitantes en la vida de cualquiera, pero basados en la historia, pueden ser superados. Máxime cuando vamos más allá del poder meramente humano, cuando acudimos buscando el auxilio y la ayuda en el poder de Dios. Recordemos que “lo que para los hombres es imposible, para Dios todo es posible” (Mateo 10:27).

B. Hoy se cuentan por miles los niños mal-criados. La culpa se centra en ellos, pero, y qué de los padres. Se logra detectar el problema de indisciplina o de capricho del niño, pero no se detecta que la permisividad de los padres es lo que ha permitido tal comportamiento en el hijo “berrinchudo y caprichoso”. Les recuerdo las palabras en Hebreos 12:8 “Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.”

C. Muchos son los obstáculos que pueden superarse con paciencia, amor y sacrificio. Esto fue lo que Anne Sullivan dió a Hellen Keller, y también es lo que nosotros debemos hacer con muchos a nuestro alrededor, especialmente con los de nuestra casa. Una no habría sido llegada a conocer sin la otra. Pero para poder superar barreras, librar obstáculos y alcanzar el éxito se tuvo que trabajar incansablemente con mucha paciencia, amor y sacrificio. Así les recuerdo que “… el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia…” (Gálatas 5:22).

Esperando que esta historia sirva de ejemplo para todos nosotros, que el Señor le bendiga grandemente.

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