En la Prueba

carga pesada

Muchas veces nuestras vidas como cristianos están como en una cápsula, como metidos en una esfera de cristal en donde nada nos toca, en donde nada malo nos llega, porque sencillamente, Dios no lo permite. Ejemplo de ello lo podemos encontrar en el Libro de Job, cómo Dios había puesto un cerco o vallado alrededor de él, alrededor de todo cuánto tenía, de su casa y de su familia. Nada se podía acercar a Job para hacerle daño mientras existiera ese cerco protector. Pero llegó el día y momento, en que Jehová retiró aquel cerco que alrededor de Job tenía. Y usted piense, también el mismo Señor Jesucristo fue probado.

Una cosa es ser tentado y otra es ser probado. A veces se prueba a través de la tentación, pero no toda tentación es prueba. Porque llega a través de diferentes fines. Vemos cómo el cristiano entonces, habrá de llegar a atravesar pruebas. De hecho, la misma Escritura Sagrada nos alerta para que no nos sorprendamos cuando diversas pruebas lleguen a nuestras vidas (1 P. 4:12). Entonces, el asunto no es si habré o no habré de atravesar la prueba, porque es seguro que la vamos a atravesar, aunque durante algún tiempo hayamos gozado del resguardo poderoso de Dios acerca de nosotros, más no será así siempre. Tarde o temprano la prueba llegará.

Por eso la Palabra nos instruye diciéndonos que debemos velar de estar firmes, y aún estar firmes, en el día malo. Y no debemos preguntarnos si la prueba llegará, sino para  qué va a llegar, qué propósitos cumplirá la prueba en nuestras vidas.

El salmista dijo: “Tú, oh Dios, nos has puesto a prueba; nos has purificado como a la plata” (Salmo 66:10). Si somos un tanto acuciosos descubriremos que es Dios quien nos pone a prueba. Por eso Job dijo: “¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?” (Job. 2:10). Y cuando hablaba de mal, no era que estaba haciendo alguna referencia a que hubiera maldad en Dios, sino más bien de que Dios es quien pone al hombre a prueba; hombres a los cuales Dios ama y, quienes a su vez, aman a Dios. Pero que a pesar de ese amor, Dios habrá de permitir el “apretón” de la prueba, enviado y permito por Él con un propósito. Así que cuando la prueba llega, no llega por gusto. Aunque el individuo se cargue y se perturbe por un tiempo, la prueba viene de parte de Dios y cumplirá su propósito (consulte el tema: “Pruebas y Propósitos”, editado el 13 de enero del 2013 en este blog).

Consideremos a Job en este enfoque: Si Job no hubiera atravesado por todas las circunstancias adversas que rodearon su vida, hoy nosotros no lo conociéramos, no conociéramos de su justicia, rectitud y honorabilidad. No estuviéramos escribiendo de él en este día. Sus pruebas, hoy nos bendicen a nosotros, nos orientan, nos confortan, nos imparten esperanza y consuelo. Todo aquello en lo que él fue probado hoy nos sirve a nosotros, y todo eso ya estaba preordenado por Dios.

En la segunda parte del verso 10 del Salmo 66, continúa diciendo: “… nos purificaste como a plata…”, pero la manera de purificar fue a través de la prueba. Sigo enfatizando: la prueba para el cristiano es necesaria e ineludible. Y esta es otra espiguita que podemos agregar aquí: La prueba es sólo para los creyentes, pues a ellos es a quienes Dios quiere purificar. El impío y pecador no puede hablar de que está en prueba, porque sencillamente la prueba es para purificar creyentes. El pecador sólo sufre la inclemencia de épocas difíciles y de los días malos, sin obtener ningún beneficio de purificación en ello. Los hechos de su vida, una vida independiente de la voluntad de Dios, lo ha llevado a ser presa del enemigo, y el enemigo hace y deshace con él a su antojo. De allí, la naturaleza de su sufrimiento. En cambio, en el caso del creyente, el enemigo se levanta en contra de él, pero con un permiso y un límite establecido de parte de Dios, pues Dios sabe hasta dónde exactamente podemos aguantar, Dios no permite mayor prueba que la que podemos soportar, ni más carga que la que podemos llevar. Aleluya.

Y la prueba quebranta, el dolor quebranta, el conflicto quebranta, la situación difícil quebranta. La Biblia habla de purificar al creyente, al que Dios ama, a través de la prueba, a semejanza del cómo se purifica la plata. Y la manera física de purificar los metales preciosos (incluído el oro y la plata), es a través del fuego. Y el fuego es figurativo de la prueba.

Se ha quemado usted alguna vez? Se ha quemado alguna parte de su cuerpo? Si tiene la experiencia sabe que no es cosa sencilla, es doloroso y complicado. Lo mismo es ser sometido al “fuego de prueba” del que nos habla la Palabra de Dios “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese” (1 Pedro 4:12). La analogía tomada de esto nos indica que al entrar a la prueba, entraríamos como con ciertas imperfecciones, con ciertas basuras y ciertas cosas que necesitan ser purificadas. Al salir de la prueba, saldríamos por tanto, sin ellas. El fuego de la prueba habrá de quemarlos y por lo tanto, habrá de purificarnos aún más a nosotros.

La prueba implica que vamos a sufrir, seremos aplastados bajo su peso inmisericorde, vamos estar a punto de renunciar, de claudicar. Pero Dios nos ha hecho provisión para poder salir triunfantes de cualquier tipo de prueba que nos sobrevenga. Su provisión es su poder. Poder que nos es otorgado a través de Su Santo Espíritu.

“El que vive una vida cotidiana, falla en vivir una vida en el Espíritu”. Este fue un pensamiento que el Señor puso en mi mente y en mi corazón en una oportunidad que estaba atravesando el valle de la prueba. Amados: No vivamos como normalmente viven todas las personas, porque viviendo así, le fallaremos a Dios. Para verdaderamente agradar a Dios, para vivir una vida sobrenatural y bajo su bendición y buena voluntad debemos vivir en el Espíritu. Esto implica separarse de lo ordinario e ir hacia lo extraordinario, que es la vida en el Espíritu. Para esto hay que renunciar al yo, hay que negarse a sí mismo y entonces seguir, en el poder del Espíritu, en pos de Cristo.

Que Dios bendiga vuestras almas y conforte vuestros corazones en medio de toda prueba. Bendiciones!

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