Sustitución

CristoCrucificado

Uno de los más grandes mensajes de la Biblia es el relativo a la sustitución, cómo el Señor Jesucristo tomó nuestro lugar en la condenación para llevarnos a la vida. Este es el mensaje crucial del Evangelio. Toda la Biblia abunda en pasajes que declaran concluyentemente que Cristo padeció no por sus pecados, pues no tenía, sino por los nuestros. El dolor sufrido por Él, lo deberíamos de haber sufrido nosotros, pero voluntariamente quiso que fuese echado sobre sus hombros.

Esta función sustitutiva es descrita de diversas maneras en la Biblia:

1 Pedro 2:24: quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.

 1 Pedro 3:18: Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu.

2 Corintios 5:21: Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. 

Gálatas 3:13: Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero).

Sufriente para Aliviarnos (Mateo 27:33-34):

“Y como llegaron al lugar que se llamaba Gólgotha, que es dicho, El lugar de la calavera, le dieron á beber vinagre mezclado con hiel: y gustando, no quiso beberlo.”

Cuando Jesús llegó hasta el lugar llamado “el Gólgota” le dieron a beber vinagre mezclado con hiel. Esta era una bebida que los verdugos romanos daban a todo aquel que sería crucificado y tenía como finalidad aminorar su sufrimiento y tormento en la cruz. Esta mezcla era una bebida estupefaciente que disminuía la sensibilidad de la persona al dolor. De esta manera los romanos mostraban humanidad, aunque sea en grado mínimo, para aquellos desdichados que tendrían como fin el suplicio de la cruz.

Lo interesante de este dato es que cuando Jesús probó la bebida “no quiso beberla”. Esto nos habla de su disposición voluntaria para soportar en toda su intensidad el dolor de la crucifixión. No es que el Señor fuera un masoquista sino que Él estaba sustituyéndonos en el dolor para darnos el alivio. Era necesario que se cumpliera lo que estaba escrito sobre Él acerca de que “sufriría nuestros dolores”  escrito en Isaías 53:4.

Al soportar el tormento del Gólgota no quiso en manera alguna aminorar el sufrimiento, pues debería cargar con todo el dolor de su pueblo; asegurándonos así, en la glorificación, un cuerpo incorrupto e inmortal exento de dolores. Mientras continúa nuestro peregrinaje hacia la glorificación, podemos gozar también el favor divino de la sanidad, porque Él llevó nuestros dolores sustituyéndonos y dándonos alivio.

Desnudado para cubrirnos con su justicia (Mateo 27:35-37):

“Y después que le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes: para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta: Se repartieron mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. Y sentados le guardaban allí. Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESÚS EL REY DE LOS JUDÍOS.”

Antes de que el Señor Jesús fuera clavado en la cruz, los soldados romanos lo despojaron de sus vestiduras para, más tarde, echar suertes sobre ellas. La desnudez en las Sagradas Escrituras vienen a ser tipo y figura del pecado. Como cuando Adán pecó y se dio cuenta que estaba desnudo, de igual forma, el pecador impenitente se avergüenza de presentarse ante Dios y trata de cubrir la desnudez que ha provocado su pecado, ya no con hojas de higuera, sino con hojas de religión o de la justicia propia.

Conforme a esta figura bíblica, podemos dilucidar que cuando Cristo fue desnudado estaba tomando sobre sí el pecado de los suyos, como esta escrito: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él” (2 Corintios 5:21). Aquel que nunca experimentó la desnudez del pecado tuvo que ser desnudado para sustituirnos en esa vergüenza y darnos a nosotros sus vestiduras. Las ropas del Señor representan su justicia perfecta, la cual, siéndonos imputada por la fe, viene a cubrir todas nuestras culpas, de manera que ya no estamos desnudos ante Dios sino vestidos con la ropa de Cristo, es decir su justicia divina.

Bendita Sustitución la que Cristo ganó para que ya no tuviéranos que acogernos a los delantales de hojas elaboradas por nosotros mismos. Quedan obsoletos todos los medios inventados por el hombre con el fin de acercarse a Dios: buenas obras, religión, justicia propia… todo ello no es más que “obras muertas” que no tienen ningún poder para salvación. Por Cristo tenemos justicia-vestidos para arroparnos y cubrir nuestra desnudez de pecado. Cuando Dios nos ve, vestidos con la ropa de su Hijo, nos ve como si fuéramos Él mismo, ya no ve la denudez que antes nos caracterizaba, ahora ve las ropas de Aquel en quién tiene toda Su complacencia.

Alabado y Glorificado Seas Bendito Cordero de Dios!!!

-Continuará.

 

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