Características de Escribas y Fariseos Hipócritas

Mas ¡ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; que ni vosotros entráis, ni a los que están entrando dejáis entrar.    Mateo 12:1-3

El término “Hipócrita” se deriva del griego “Hupokrisis” que literalmente significa “actuación dramática” (Mt. 23:13-15, 27).  La hipocresía puede definirse entonces como el disfrazarse de otra personalidad para engañar a otros. Disfrazarse  se deriva del griego “Metasxgenatuzi que tiene el significado de “cambiar de apariencia para engañar” como en 2 Co. 11:13-15.   La mentira y la falsedad están ligadas a la hipocresía, es decir que por lo general el hipócrita también es mentiroso.  El objetivo de la hipocresía es robar cosas, ya sean materiales o espirituales.  Además de otras cosas arrebata la paz, roba la verdad, provoca el engaño. Hoy en día es un término que fácilmente se aplica a un gran número de personas religiosas porque tienen el nombre de cristiano, pero viven como mundano. Esto no es otra cosa más que un “fariseísmo moderno”.

Los fariseos confiaban en su conocimiento meramente intelectual, en su interpretación tradicional de las leyes de Dios y se consideraban a sí mismos justos, exaltándose por creerse más buenos, o más santos o más religiosos o más sabios que los demás.  Jesús les llamó hipócritas porque “aparentaban” ser justos, pero su corazón estaba lleno de maldad. Es decir, una cosa manifestaban con su rostro, pero una muy diferente había en su corazón.

El Señor Jesús llamaba hipócritas a escribas y fariseos,  porque:

  1. miraban la paja en el ojo ajeno (Mt. 7:1-5).
  2. rendían honra a Dios de labios y no de corazón (Mt. 15:7-9).
  3. sus acciones no iban conforme a sus palabras (Mt. 23:3).

Si nosotros estamos actuando de similar forma, entonces el apelativo de Cristo usado para aquella gente, también aplica a nosotros.

Un detalle terrible que podemos deducir de la lectura y meditación de los pasajes citados, es que el legalismo es fábrica de hipócritas.  Los fariseos se caracterizaban por criticar y después juzgar todo lo que los rodeaba, creyendo que eran  mejores que los demás.  En la actualidad también hay individuos que dentro de la misma Iglesia del Señor mantienen una actitud similar, murmuran entre sí e inyectan dudas a los que los rodean, respecto a determinada persona, por lo general alguien que no es fariseo como ellos. Pueden perjudicar grandemente a una persona creyendo firmemente que están sirviendo a Dios, creen que los motiva la justicia, cuando en realidad Satanás está detrás de cada una de sus murmuraciones, contiendas y dudas. Los fariseos son como serpientes venenosas, su presencia presagia peligro (Lc. 11:15-16).

Aparte de creer que saben todo, que son justos, sabios y santos, los fariseos no son capaces de reconocer cuándo Dios está actuando con poder en la vida de alguien, sino que, sin empacho alguno, emiten su juicio: ¡Está endemoniado!

Por la misma naturaleza corrupta de sus corazones son personas que pueden ser usadas por el diablo para tratar de tentar a los hijos de Dios. El legalista trabaja sutilmente, sabe usar las palabras con los acentos adecuados para provocar las reacciones deseadas, y actúa creyendo sinceramente que lo que hace, lo hace para servir a Dios.  También se auto justifican diciendo que son buenos porque no matan ni una mosca, porque van a la iglesia, oran y ayunan; pero no se dan cuenta que sus lenguas se mueven con la velocidad de la serpiente, para fulminar a otros. Los fariseos levantan el dedo acusador para desviar la atención de los demás, para que nadie se dé cuenta de sus propios pecados, de la triste condición de su pobre corazón entenebrecido.

Aparte de lo ya mencionado, los hipócrita se reconocen también por tres características que señala  Mt. 22:15-22:

  • Son pura apariencia: aquel que aparenta nada más, se está poniendo solo un disfraz.  No aparentemos santidad, no aparentemos ser cristianos, no tengamos solo apariencia de virtud o devoción, no aparentemos tener dinero (vs. 16 final), seamos reales.
  • Ponen trampas: aquel que anda viendo en que logra agarrar desprevenido a su hermano para hacerle pecar poniéndole trampa, es un hipócrita.  Al Señor le dijeron: “Es lícito dar tributo a César o no?”, pretendieron ponerle una trampa al Señor para ver si caía.
  • Son aduladores: cuidémonos de los lisonjeros, en Guatemala usamos el término chaqueteros para los aduladores. Cuidémonos pues de los que se nos acercan para ponernos en alto, pues los fariseos y herodianos hipócritas vinieron de esa manera al Señor diciéndole: “Maestro, sabemos que eres amante de la verdad…”

La hipocresía provoca daño, Prov. 11:9 nos habla a este respecto, y 1 P. 2:1 nos dice que hay que desecharla juntamente con el engaño, las envidas y el hablar en mal del prójimo.

Para los creyentes del nuevo pacto en la sangre preciosa de Cristo, el llamado vigente es a celebrar la fiesta al Señor, con panes sin levadura y esto es actuar con sinceridad y verdad.  Seamos obedientes a ese llamado.  Amén.

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