Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria… Señor Jehová!

Base Bíblica: … porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. Mateo 6:13b.

Atribuir a Dios el reconocimiento debido a su Nombre en forma de alabanza, es la forma de cierre del modelo de oración que el Señor Jesucristo enseñó a sus discípulos.  Alabar se dará siempre que tengamos gratitud a Dios, aun en medio de muchas necesidades, pruebas, adversidades, enfermedades, conflictos o problemas.

A Dios le agrada que le alabemos, de hecho Ef. 1:6 nos dice que fuimos creados exactamente para eso.  Es natural entonces que como seres humanos que amamos a Dios, que tendamos a alabarle y adorarle.  A Él quien es digno de toda adoración y de toda gloria sea nuestra alabanza!

Algo a tomar muy en cuenta, en nuestro proceder de un reconocimiento de lo que Dios es para nosotros, es tener la disposición correcta de corazón para que paralelo a ello esté el accionar de los miembros de nuestro cuerpo dados en alabanza a Dios. Y requisito indispensable para agradar a Dios en todo lo que hacemos es movernos en fe. Recordemos que sin fe, es imposible agradar a Dios, porque es necesario que quien se acerca a Dios, debe creer que Dios existe y que premia a todos los que le buscan (Hb. 11:6). Y al accionar en fe, entonces toda forma de expresión corporal nuestra ante Dios resultará grata para Él. Veamos algunos ejemplos:

El uso de las manos: El ser humano por naturaleza usa siempre las manos para expresarse y comunicarse con sus semejantes. Continuamente estamos usando nuestras manos en un lenguaje corporal que nos ayuda a ser más expresivos en lo que decimos al valernos de señales y ademanes. Si en el culto por ejemplo, nos ven con las manos cruzadas, esto da la evidencia que estamos a la defensiva. Pero si por el contrario en lugar de pretender nada más alabar a Dios, usamos nuestras manos para expresar agradecimiento, loor y gloria a Dios procederemos a levantarlas, a extenderlas hacia lo alto bendiciéndole, y será evidente nuestra entrega total en lo que hacemos. Y no es la única manera, existen muchas formas de usar nuestras manos para glorificar al Señor Dios Nuestro.  Dentro de estas formas podemos anotar: aplaudir, mecerlas, agitarlas con fuerza, moviéndolas rítmicamente, usándolas para tocar un instrumento musical. Algunos versículos bíblicos que nos llaman a consideración en este aspecto son:

Salmo 47:1  Pueblos todos, batid las manos;  Aclamad a Dios con voz de júbilo.

Salmo 63:4  Así te bendeciré en mi vida; En tu nombre alzaré mis manos.

1 Timoteo 2:8  Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda.

El uso de los pies: También con nuestros pies podemos alabar a Dios. Para algunos podría parecer exagerado, pero antes de deshecharlo, considérelo.  Con los pies podemos saltar de alegría, correr llenos de euforia, marchar con dignidad, danzar rítmicamente, postrarnos en señal de humillación.  Para ponerle un ejemplo claro, vea usted cómo un futbolista se expresa al anotarle un gol al equipo contrario: corre frenéticamente, se desliza por el pasto verde postrado, besa el suelo, levanta sus manos, grita enardecido, y deja que todos sus compañeros se le tiren encima y lo estrujen.  Y pienso: Si esto es sólo por haber metido un gol… cómo no debemos celebrar nosotros los creyentes la victoria que Cristo ha ganado por nosotros en la Cruz del Calvario, no le parece?  Así que sea más expresivo para Dios, a la hora de alabarle y adorarle. Ejemplos bíblicos:

1 Reyes 8:54  Cuando acabó Salomón de hacer a Jehová toda esta oración y súplica, se levantó de estar de rodillas delante del altar de Jehová con sus manos extendidas al cielo.

Salmo 68:3  Mas los justos se alegrarán; se gozarán delante de Dios, Y saltarán de alegría.

Salmo 150:4  Alabadle con pandero y danza; Alabadle con cuerdas y flautas.

El uso de la boca: Nuestra lengua, labios y cuerdas vocales tienen infinidad de uso, el más generalizado: el don del habla.  Hemos sido realmente bendecidos al poder otorgársenos el poder articular palabras, frases, oraciones con total sentido.  Usado muchas veces este don de manera inapropiada, redimámoslo ahora para alabar, honrar, exaltar y glorificar a Dios.

El medio por excelencia para alabar a Dios, es la boca. Con la boca cantamos, reímos, gritamos.  Podemos también decir muchas cosas ofensivas e hirientes, pero usémosla con excelencia para reconocer delante de la majestad del Señor, su hermosura, su gloria, su santidad.

El Señor es digno de suprema alabanza y Él nos da el privilegio de presentarnos ante su presencia para adorarle y exaltarle, hagámoslo con todo, con cánticos, hagámoslo levantando nuestras manos, rindiéndonos ante Él, postrándonos. Al hacerlo vendrá un profundo amor por el Señor, una satisfacción tremenda de paz, de gozo, de presencia de Dios.

La próxima vez que vaya al santuario en donde usted se congrega, traiga a su memoria lo leído y con verdadera devoción en su corazón emociónese al unirse a la expresión:

porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria…

Oh Jehová, Dios mío.

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