Trabajo de Equipo en la Iglesia

En la Iglesia debemos trabajar en equipo

Os ruego pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros disensiones, antes seáis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.                                                                                     1 Co. 1:10

La Iglesia es un organismo, como también una organización.

De tal forma que al verse como un solo cuerpo el apóstol Pablo hablando a los cristianos reunidos en la ciudad de Corinto (1 Co. 1:10) les demanda que se pongan de acuerdo observando cinco cosas dentro de un solo versículo:

-  Que vivan en armonía,

-  Que no hayan divisiones,

-  Que se mantengan unidos,

-  Que se mantengan en un mismo pensamiento, y

-  Que sean de un mismo sentir.

Luego, en 1 Co. 3:1-11 les dirige  una exhortación al tener noticia de que existían celos y peleas entre ellos, manifestando de esa manera que son cristianos que andan según la carne.  Y el andar en la carne causa entre ellos división.  Cuando vemos esto nos conduce al pensamiento en Juan 13:34-35 cuando el  Señor Jesucristo nos dio, a todos sus discípulos, un nuevo mandamiento: el amarnos los unos a los otros.  ¡Cuán lejos estaban los corintios de cumplir este mandamiento al actuar con celos y al pelearse entre sí!  Ahora bien, debemos preguntarnos… Y nosotros cómo andamos???  La respuesta le corresponde a cada uno de nosotros.  Cada uno debe juzgar su propia condición.  Y conste que, al actuar amándonos unos a otros, esa sería la evidencia de que realmente seríamos sus discípulos.

Alguien podría decir, pero como puedo amar al que me ha hecho mal?  La respuesta la encontramos en Ro. 5:5 cuando la Palabra nos dice que Dios ha derramado ya su amor en nosotros.  Pongamos atención cuando dice que es el amor de Dios, el que ha sido derramado, ese amor está adentro, por lo cual nadie puede decir no puedo amarlo o amarla, como tampoco puede decir no puedo perdonarlo o perdonarla.  Esto es solo una excusa, no es que no pueda, es que no quiere, pues la capacidad ya la dio Dios.  El asunto en realidad es qué vamos a decidir.  Si caminar en el amor de Dios o en el deseo de venganza, dejándonos llevar por la amargura por lo que nos hicieron y por el rencor surgido en el corazón.

Ahora bien, qué es un equipo de trabajo? Romanos 16 contiene unas palabras que nos ayudan,  si no a definir, por lo menos a describir el concepto que necesitamos manejar del trabajo de equipo que necesitamos implementar:

Ayuda: Esto implica servir a los demás.  Recordemos el modelo, nuestro Señor Jesucristo; no vino para ser servido sino para servir. Un líder es más influyente cuando se sabe y se maneja como un sirviente.

Colaborador: La palabra colaborador (sunergós) significa actuar juntamente con. Es juntar la energía de cada miembro en la consecución de un objetivo común. El objetivo de Priscila y Aquila, así como el de Urbano no era diferente al del apóstol Pablo.

Auténtico Compañerismo: El cual se evidencia en la capacidad de estar con alguien hasta las últimas consecuencias, como sufrir prisión por una misma causa.

Trabajo Realizado con Esmero: Pablo dice de Trifena y Trifosa, que trabajan en el Señor. La palabra que Pablo utiliza hace referencia al trabajo arduo que se realiza hasta el cansancio.

Excelencia: ya que es ejecutado por un trabajador aprobado. No solo es trabajar, sino trabajar bien.

Para poder trabajar en equipo a nivel de iglesia debemos tener un sentido de necesidad mutua como en 1 Co. 12:21.  Debemos reconocer que necesitamos a los otros y que los hermanos nos necesitan a nosotros (Yo te necesito, tú me necesitas).  Luego en el versículo 25 del mismo capítulo y libro nos habla nuevamente que no deben de haber divisiones entre nosotros pues pertenecemos a un solo cuerpo.  Somos muchos miembros pero todos pertenecemos a un solo cuerpo y cada uno tiene también una función diferente que realizar (Ro. 12:3-9).

Para gozar de la bendición de trabajar en equipo, sigamos estas reglas de la palabra de Dios:

-  Soportémonos, tengámonos paciencia los unos a los otros, siendo humildes y mansos (Ef. 4:1-7).

-  Seamos amables unos con otros, tengámonos misericordia, perdonémonos imitando a Dios (Ef. 4:2 y 5:2).

-  No hablemos mal unos de otros (Fil. 2:1-8).

Para finalizar meditemos en Juan 13:17 cuando nos dice que si sabemos esto, seremos felices si lo practicamos.


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